Autoevaluación cinéfila
(no apta para negacionistas)
Me hace gracia mirar atrás y ver cómo empezamos todos: con la estantería vacía y la inocencia de pensar que compraríamos solo lo necesario.
— «Yo solo compraré mis pelis favoritas.»
JA!
Unos meses después tienes más plástico en casa que una fábrica de tuppers, el espacio vital reducido a estanterías y el cartero preguntándote si estás montando un videoclub clandestino… o si directamente vives de recibir paquetes.
Hoy no vengo a juzgar a nadie. Yo soy el primero que no puede hablar muy alto.
Hoy vengo a diagnosticar.
Porque puede que no seas consciente todavía, pero quizá estás ya en fase avanzada de coleccionismo en formato físico.
Y sí… amigo mío, hay síntomas.
Test no oficial: ¿estás enfermo del formato físico?
No somos médicos, pero si te ves reflejado en varios de estos puntos… ve asumiendo que lo tuyo no se cura. Solo se amplía la estantería.
1. El repartidor ya te saluda por tu nombre
No dice «tengo un paquete».
Dice:
— «Edu, más pelis, ¿no?»
Y tú respondes como quien habla con su farmacéutico de confianza, y le hablas de «tu enfermedad» (comprar pelis, claro).
La verdad es que ves más al repartidor que a tu familia y amigos.
2. Has comprado la misma película más de una vez… y puedes defenderlo en un juicio
«NO es la misma. Esta es la edición remasterizada, con nuevo máster 4K, mejor etalonaje, slipcover exclusivo y libreto de 28 páginas.»
Tu pareja solo oye:
«Bla bla bla misma peli bla bla 30 euros.»
3. Tienes más espacio para películas que para ropa
Tu armario: funcional.
Tu estantería: Archivo General del Reino de los Steelbooks.
Has doblado camisetas para que quepan más amarays. Y lo sabes.
4. Estás en más grupos de ofertas que grupos de amigos
Tu móvil vibra y tú piensas:
«¿Chollo o cumpleaños?»
Spoiler: siempre es un chollo.
Y lo miras con más ilusión.
5. Dices «esta edición está bien» pero por dentro piensas otra cosa
Por fuera:
— «Bah, tampoco es para tanto.»
Por dentro:
«Seguro que en Alemania hay una edición con mejor portada, libreto y funda rígida.»
Y empiezas a investigar como si fueras de la Interpol del Blu-ray.
6. Has dicho la frase: «No gasto en salir, gasto en cultura»
La usas como escudo moral.
Da igual que acabes de comprar la quinta edición de una peli que ya has visto 14 veces.
Es cultura. Y punto.
7. Tienes listas, Excel o apps para controlar tu colección
Sabes cuántas películas tienes.
Sabes cuántas están precintadas.
Sabes cuántas has comprado este mes.
Lo que no sabes es por qué sigues comprando más.
Y aun así, alguna vez has comprado una repetida.
Dos veces.
En la misma semana.
8. Te da miedo que descataloguen algo que ni siquiera te gusta tanto
La frase maldita:
«Luego volará y costará el triple.»
Y tú, por miedo, te llevas a casa una peli que en realidad te pareció un 5 raspado.
Pero oye… edición limitada.
9. Has escondido paquetes para que no «cante» tanto
Estrategias clásicas del coleccionista:
— «La pedí hace mucho, pero me acaba de llegar»
— «Es de un cambio del CeX»
— «Me la han mandado para reseñar»
Ya, y yo soy el Pato Lucas.
Eres peor que un contrabandista, pero con steelbooks.
10. Disfrutas más el unboxing que ver la película
La peli puede esperar días (o meses… o ¡años!) para ser vista.
Pero abrir el paquete… eso es un ritual sagrado.
El olor a edición nueva debería venderse en frascos.
11. Guardas slips, fundas y cartoncitos como si fueran documentos históricos
«No los tires, que pierde valor.»
Valor que jamás comprobarás porque no vendes nada.
Pero tú sigues guardando hasta el ticket de compra.
Diagnóstico final
Cuenta tus síntomas:
0–3 → Aún puedes salir. Corre.
4–7 → Coleccionista crónico. No es grave, pero es permanente.
8 o + → El cartero ya forma parte de tu círculo íntimo. Acepta tu destino y compra otra estantería.

La buena noticia es que no estamos enfermos.
Estamos comprometidos con el cine.
Y con el plástico.
Sobre todo con el plástico. 📀


















