Hay dos tipos de personas en el coleccionismo de películas:
- Los que viven el Black Friday con calma, mirando ofertas sin prisa y sin ansiedad.
- Y los coleccionistas que llevamos el ADN mutado y esa semana —porque sí, el Black Friday ahora dura una semana o un mes entero, depende del algoritmo— tenemos el corazón a ritmo de Mad Max: Fury Road.
Yo, evidentemente, soy de los segundos.
Para mí el Black Friday no es una fecha: es un rito ancestral, un deporte olímpico y una celebración pagana del plástico y el metal. Y como buen veterano de guerra, toca recordar cómo empezó todo: cuando MediaMarkt era nuestro Valhalla.
Cuando MediaMarkt nos daba un 50% REAL y éramos felices (y lo sabíamos perfectamente)
Los más jóvenes quizá piensen que esto es una leyenda urbana, pero no: hubo una época —la Edad Dorada, cuando Netflix enviaba DVDs por correo y todo era campo— en la que MediaMarkt hacía algo que hoy parece ciencia ficción:
👉 50% en TODO. Pero TODO. Real. Sin trampa. Sin asteriscos. Sin «hasta».
Steelbooks, digipaks, packs gigantes, ediciones coleccionista, series completas, ediciones tochas…
TO-DO-A-LA-MI-TAD.
Era tan bonito que recordarlo duele.
Tú entrabas en la zona de cine con una cesta vacía y te convertías instantáneamente en un híbrido entre gorrión carroñero y gacela anfetamínica.
Primer vistazo, primer barrido ninja y… ¡FLOP! primera cesta llena.
Ibas a por otra.
Y luego otra.
Y al día siguiente volvías y… otra.
Salías de allí como si hubieras saqueado un videoclub entero, con un ticket tan largo que podías usarlo de bufanda.
Los famosos tickets kilométricos, ¿te acuerdas?
Esa sensación no se ha vuelto a repetir jamás.
Nunca.
El Black Friday moderno: un circo emocional
Hoy, en cambio, el Black Friday es… bueno, un festival de expectativas rotas:
✔ «¡-50%!»
Luego lees letra pequeña: “hasta”. Traducción: solo ese DVD polvoriento de 2009.
✔ «¡OFERTA FLASH!»
Y es el mismo precio que ayer, pero con un número al lado tachado, para que te emociones.
✔ «¡PACK EN PROMO!»
Una edición que llevan intentando colocar desde 2017.
Y aun así aquí seguimos: refrescando Fnac, Amazon, El Corte Inglés… con el F5 echando humo.
Esperando un milagro que, cuando aparece, te da un subidón que ni una persecución de «Fast & Furious».
La comunidad en llamas: Telegram ardiendo, Twitter en modo guerra
Si algo bueno tiene el Black Friday, es que la comunidad coleccionista se vuelve una especie de Hermandad del Acero (del acero de los Steelbooks, claro).
Ese día (esa semana quiero decir) el Canal de Ofertas de Telegram parece el «Wall of Fire» de Rammstein.
Notificaciones entrando sin parar:
«¡CHOLLO! Terminator 2 4K a 12,09€»
«A Contracorriente se ha portado este año y ha hecho 50%»
«¡CHOLLO ÉPICO! La Titans of Cult de Star Trek (2009) por 16,50 € ¡Locura!»
«Gabita hace su primer Black Friday, pero solo durante 24h.»
«¡Amazon ha igualado! ¡Correee!»
Y tú con más adrenalina que Tom Cruise colgado de un avión.
Porque si tardas 3 minutos… puede que hayas perdido el chollo del año.
O peor: sí que queda, pero te has quedado sin saldo porque te lo gastaste hace diez minutos.
El momento más oscuro del coleccionista: las compras impulsivas
Todos tenemos esa edición del Black Friday que sigue precintada desde 2021.
¿La necesitabas? No.
¿Ya tenías otra muy parecida? Sí.
¿Había presupuesto? Ni de broma.
Pero estaba a 9,99 € y tu cerebro dijo la frase maldita que ha arruinado más cuentas bancarias que cualquier casino:
«¿Cómo no la voy a pillar…?»
El Black Friday también es tradición familiar… aunque nadie lo entienda
Mi pareja ya ni pregunta.
Llega el repartidor con tres paquetes y suelta:
—¿Hoy también era Black Friday?
—No, todavía no.
—Ah.
Ella ya sabe que el Black Friday empieza cuando las webs quieren… y termina cuando mi cuenta bancaria se rinde.
Spoiler: nunca se rinde lo suficiente.
Nuestros ritos secretos (que jamás admitiremos en público)
✔ Hacer listas de «lo que voy a comprar» sabiendo que comprarás el triple.
✔ Revisar la estantería tres veces porque ya no recuerdas si tienes esa edición.
✔ Tener abiertas 20 pestañas en el PC como si fueras broker de Wall Street.
✔ Fingir que un paquete «es una colaboración». Y tú de influencer tienes lo que yo de bailarín profesional.
✔ Decir «este año me controlo» con la misma credibilidad que un político en campaña.
Y aun así… lo esperamos como niños en Navidad
Porque aunque ya no haya 50% real.
Aunque ya no salgamos con cestas rebosando de MediaMarkt.
Aunque las ofertas de hoy sean más ilusión óptica que descuento…
El Black Friday sigue siendo la semana más emocionante para un coleccionista.
Esa semana sientes que quizá, solo quizá, vas a cazar el chollazo del año.
Ese que te obliga a enviarle un WhatsApp al colega:
«TÍO, MIRA LO QUE ACABO DE CAZAR.»
Y ya está.
Felicidad pura.
No hace falta más.
¿Y tú cuántas has cazado este año?
Puedes dejarlo en comentarios.


















Lo suscribo todo, pero la emoción de ir in situ y luchar por las ediciones cuerpo a cuerpo se ha perdido… Aparte el pitorreo que es ya al menos en España el black friday, preferiría volver a jueves y viernes solo y que fueran más sustanciosas
Buen artículo. Se echa mucho de menos ese ritual de ir de MediaMarkt en MediaMarkt, y eso que yo me tenía que desplazar desde Toledo o la provincia de Ciudad real a Madrid. En un día arrasaba.
Este black de momento van unas 30 o 40 ediciones, medio bajo en comparación a otros años. Pero todavía no hemos terminado….
¡Hola José! Muy buena caza este año, aunque haya sido un poco menos que en años anteriores. Aun así, es una cifra estupenda.
¡Gracias por leer el artículo!
Un saludo.