Hoy vamos a conocer un poco más de la historia del formato físico en España.
Detrás de cada película en formato físico que tenemos en casa hay alguien que negoció derechos, buscó materiales, convenció a productoras y arriesgó dinero para que podamos disfrutar de esas películas.
Hoy tengo la suerte de hablar con Ramón Caro, un veterano curtido en mil batallas que vivió de cerca la transición del VHS al DVD, que trabajó en Manga Films o Cameo (entre otras), y que sigue metido en el negocio de licencias y derechos.
Vamos a descubrir cómo funciona desde dentro este mundo que tanto amamos como coleccionistas.



Su rol en el sector del formato físico
Antes de nada, quería que Ramón nos contara cómo llegó a formar parte de este mundo, porque mucha gente piensa que para trabajar en cine hay que haber estudiado cine, y Ramón viene de otra historia.
Ramón, tú venías de un mundo completamente distinto al audiovisual. ¿Cómo aterrizas en Manga Films y qué es lo que te enganchó en ese momento del sector del formato físico?
Aterrizo de forma totalmente casual, gracias a la oferta de un consultor en búsqueda de directivos (un «Head Hunter»). Me llamó porque tenía mi currículum de un proceso anterior para una empresa de otro tipo y me dijo que tenía una posición muy interesante de director comercial «en una empresa de vídeos».
Tras la primera entrevista, me dijo que era Manga Films. Llamé a uno de mis mejores amigos, Mike Hostench, que conocía bien el sector, y me dijo que era muy raro porque el director comercial, Juan Carlos Tous, estaba allí y no le sonaba que se fuese a marchar. Era noviembre de 1999.
Curiosamente, Juan Carlos fue quien me entrevistó tres veces, la penúltima con cuatro personas más, y no se iba, sino que ascendía a director de la división de vídeo y necesitaba a alguien que le sucediera.
Para un amante del cine desde niño, me enganchó la posibilidad de trabajar en un sector donde podría compaginar mi experiencia profesional de 14 años ya —pues tenía 32 años entonces— con mi pasión por el mundo audiovisual.
El reto era mayúsculo, al sustituir a alguien con éxito, carismático y que, encima, sería mi jefe directo. Iba a realizar el trabajo que él había realizado hasta entonces, con muy buenos resultados, y vigilado de cerca.
Además, iba a ser el responsable directo de dos jefes de ventas: uno para el mercado del alquiler, de los videoclubs, y otro para el mercado de venta directa. El del mercado del alquiler, de mi edad, quería mi puesto, y el de venta directa, más joven, era vendedor y ascendía a jefe de ventas con mi llegada.
Todo un reto.
¿Cuál era tu día a día en Manga? ¿Qué responsabilidades tenías realmente sobre qué títulos se editaban?
Mi día a día durante los cinco años que estuve en Manga tuvo dos épocas claramente diferenciadas.
Una primera etapa entre enero de 2000 y marzo de 2003, y una segunda entre marzo de 2003 y marzo de 2005, cuando dejé la empresa.
En la primera etapa, ejerciendo como director comercial, mi responsabilidad sobre los títulos era poca, o muy poca. Era más bien consultiva y de dar opiniones, sobre todo sobre los títulos que tenía la empresa en la librería o que se adquirían.
Es cierto que, a veces, se me consultaba sobre posibles adquisiciones de títulos que se iban a estrenar en cine o que se podían comprar, pero no marcaba la línea editorial, aunque intervine en muchas decisiones y di la pauta.
Mi responsabilidad principal era conseguir los mejores resultados de ventas de los títulos editados, tanto en alquiler (precio más elevado, lanzamientos mensuales y ventana hasta la venta), como en venta (novedades que venían del alquiler, novedades de fondo de catálogo y mover el fondo de catálogo).
Todo ello en un mercado de competencia monopolística, donde cada empresa tenía sus títulos y nadie más los tenía. Ese era un aspecto importante y relevante.
Competíamos contra multinacionales como Warner, Disney, Paramount, Fox, Universal y Columbia/Sony, con títulos espectaculares casi cada mes y fondos de catálogo bestiales.
En la segunda etapa, con la marcha de la directora de marketing, asumí la dirección de marketing junto con la dirección comercial y pasé a tener la responsabilidad total de la división de vídeo.
Juan Carlos Tous dejó la empresa ese verano de 2003, fundando Cameo Media poco después, pero esa es otra historia.
Muchos coleccionistas no saben quién decide qué se edita. ¿Puedes explicarnos cómo se toman esas decisiones desde dentro de una distribuidora?
Bueno, puedo responder por mí y por mis etapas en Manga Films, en Euromedia/Track Media y en Cameo Media.
Hay muchos casos distintos en función de si se trata de novedades o de fondo de catálogo. También se dan oportunidades por el camino que se intentan aprovechar, en el sentido de que aparece la posibilidad de editar alguna película, documental o serie de la que consigues los derechos y arriesgas con ella.
En el caso de Manga Films, que era una empresa mediana, con bastante gente que tenía conocimientos de cine, se trabajaba de forma participativa y colaborativa.
Si alguien detectaba un título interesante en la librería de la empresa y había materiales disponibles de una calidad aceptable —eso da para otro debate—, se realizaba una estimación de ventas y de costes de edición y se valoraba editarla.
También fuimos los primeros, incluso antes de que Avalon lanzase la Filmoteca FNAC, en editar dos títulos en exclusiva para FNAC, y fui yo mismo quien lo hizo: Orfeo y La bella y la bestia, en DVD.
Salió bien y fue el inicio de largos años de exclusivas de FNAC, primero con Manga, luego con Avalon y, después, con muchas otras editoras, incluida Cameo Media.
Los títulos que venían de editarse en alquiler, para videoclubs, salían casi todos en soporte físico posteriormente.
Recordemos que en 2000, 2001 y 2002 la mayoría salían en VHS y algunos en DVD, formato en el que Manga Films se estrenó en enero de 2000 con cinco títulos de Lolafilms (La niña de tus ojos, Torrente, Belle Époque, Jamón Jamón y Muertos de risa).
Cuando trabajas en esto, ¿cuánto pesa la intuición frente a los estudios de mercado o cifras de ventas?
Después de 19 años habiendo vivido el lanzamiento de una cantidad de títulos superior a los 5.000, por lo bajo, puedo decir que el éxito es una suma de varios factores.
En los títulos que vienen de estreno en cine, es evidente que su éxito previo de taquilla y su conocimiento por parte del público influyen mucho.
En los títulos que se editan como fondo de catálogo, hay muchos factores que inciden en su éxito: el afán del coleccionista, su escasez o inexistencia previa en formato físico, que hubiese una edición de mala calidad o incompleta por algún motivo, la falta de extras, etcétera.
Puedo contar muchas anécdotas, pero contaré una, por poner un ejemplo.
Un día, revisando la lista de títulos de Manga Films, vi que teníamos los derechos de una película de la productora Troma. La película era Mother’s Day (El día de la madre) y yo la recordaba de mis años jóvenes como un éxito en videoclubs en VHS.
Tras comprobar que teníamos materiales, decidí editarla en DVD para alquiler a 20 euros, con una ventana de varios meses (ojo, que no era un estreno, sino una película de 1980).
La sacamos al alquiler y vendimos una cantidad de copias superior a las 4.000 para videoclubs y, luego, en venta directa, varios miles de DVDs a 15 euros de PVP.
Cómo se eligen los títulos que llegan al coleccionista
Este bloque es el corazón de la entrevista. Quiero que los lectores entiendan por qué ciertas películas llegan y otras no, y por qué algunas ediciones son imposibles de conseguir hoy.
Háblame de los criterios que usabas para decidir qué títulos merecían una edición física y cuáles no.
Tanto yo como los equipos de marketing y editorial, tanto en Manga como en Euromedia/Track Media o Cameo, teníamos la capacidad de valorar la edición de los títulos, ya fueran de fondo de catálogo, títulos sueltos o paquetes, que nos llegaban para decidir si se invertía en comprar los derechos.
Realizar una estimación realista de ventas y una proyección a 3, 5 o 7 años, dependiendo de la duración del posible contrato o licencia, era fundamental.
Lo que no se recuperaba el primer año, el del lanzamiento, era complicado recuperarlo después, aun habiendo títulos de largo recorrido y que se “venden siempre” (todos podemos decir 100, 200 o 300 películas que sabemos que se venden y se venderán, y me quedo corto).
Un criterio fundamental era que un título nunca se hubiese editado antes en DVD, hablando de la época del DVD. Si, además, no se había editado en VHS en los primeros años del home video (pongamos de 1983 a 1999), se podía decir que el título tenía muchos números de editarse.
Otro criterio era saber si el título era muy buscado, ya fuera por artículos en publicaciones, por foros de internet, por correos electrónicos o porque nos lo hacían saber los vendedores de la empresa.
También los responsables de FNAC, El Corte Inglés, Media Markt y algún otro te hacían saber que existía interés en algún título concreto, y procurabas buscarlo o indagar en mercados internacionales, en proveedores de derechos o por cualquier camino que te llevase al propietario —teórico— de los derechos para España.
¿Hay algún título que recuerdes que estuvo a punto de llegar, pero al final no se editó? ¿Por qué?
Hay muchos casos, y algunos acabaron saliendo por parte de otras compañías, bien porque se descartó su adquisición por el precio que pedían o por alguna otra razón, bien porque llegaron antes o por otros motivos, como que el propietario de los derechos optase por otra compañía y te quedases con un palmo de narices.
Fui uno de los primeros en intentar adquirir el catálogo de Luc Besson, con Gaumont (Francia), pero pedían tanto dinero que lo desestimamos.
Posteriormente, con Enrique Costa (por aquel entonces en Avalon), estudiamos comprarlo a medias desde Cameo y, aun así, realizando ambos una estimación de ventas e ingresos por separado y poniéndola en común, nos salía una cifra similar a los dos, pero que también nos rechazaron.
Tras más de dos años, casi tres, detrás del catálogo, lo dejamos estar porque nos pareció impagable. Poco después, se lo quedó Divisa.
Personalmente, conociendo los números, creo que no pudo ser rentable o, en cualquier caso, fue muy poco rentable. Y eso que hablamos de León, el profesional, El gran azul, Nikita, Subway y alguna otra.
También estuve persiguiendo durante un tiempo La frontera azul (The Water Margin), una serie mítica de mi infancia que creo que tendría un buen recorrido por aquello de la distancia y porque nunca se ha editado en España, ni siquiera en VHS.
No conseguí más que un fax (¡UN FAX!) en pleno siglo XXI para contactar con la productora, pero sin éxito.
Lo tengo como una espinita clavada y, francamente, mucha gente la recuerda y los que no la han visto han oído hablar de ella.
En España fue tal el fenómeno que muchos barrios marginales llegaron a llamarse Liang Shan Po.
Muchos coleccionistas se frustran porque hoy en día algunas películas desaparecen o solo se editan en tiradas muy pequeñas. ¿Por qué crees que pasa esto actualmente?
Si hablamos de hoy en día, con un mercado de soporte físico casi marginal y con unas ventas a niveles muy reducidos, es lógico que algunas editoras asuman solo los riesgos justos.
No es nada fácil rentabilizar las inversiones en editar en soporte físico. No lo era antes, con un mercado mucho mayor, y no lo es ahora, con un mercado tan pequeño. Si ya era complicado antes, ahora lo es mucho más.
No sé qué solución tiene, pero pasaría por una estimación más aproximada de la demanda de un título para evitar que se agote, dejando a la gente insatisfecha.
Quizá una preventa con reserva, pagando algo o todo por adelantado en la web del editor, sea lo más lógico, aunque supongo que no es fácil de gestionar.
¿Hasta qué punto influye el fandom o la demanda de un nicho en estas decisiones?
Influye bastante, pero está claro que es uno de los pocos mercados que quedan.
De hecho, ya hace años que el coleccionista de cine y series es el único que ha sustentado este mercado.
Antes, cuando había títulos de animación —básicamente de Disney— o blockbusters de superhéroes, o de acción, terror, ciencia ficción, etcétera, con ventas altísimas, mucha gente compraba esos títulos.
Actualmente, el porcentaje de la población que aún compra películas o series no llega al 3–4 %, según estimaciones optimistas.
Derechos, licencias y caos internacional
Aquí viene lo que nadie te explica cuando compras una película en formato físico: lo complicado que es conseguir los derechos legales. Ramón tiene experiencia de sobra y ejemplos que nos van a sorprender.
En España el mercado de derechos puede ser un auténtico laberinto. ¿Cómo se gestiona realmente desde dentro?
El mercado de derechos es un laberinto, y no solo en España.
La propiedad de un título, o de un paquete de títulos, puede ser dudosa en muchos casos, incluso aportando contratos que, por mucho que parezcan legales y oficiales, pueden no serlo.
Yo mismo me reuní con uno de los productores de La dolce vita en Roma en 2005 y resultó que no tenía los derechos. Me trajo contratos antiguos de la época que parecían auténticos.
El tal Alfredo Leone resultó no ser de fiar.
Al final, el título era de Intramovies, una distribuidora italiana a la que yo conocía y a la que había comprado otros títulos, como 8 ½ de Fellini, y que vendió La dolce vita a A Contracorriente años después.
¿Crees que el coleccionista o la tienda no tienen culpa si un título no está legalmente disponible y se vende «de aquella manera»?
La «culpa» es un concepto curioso o ambiguo.
Está claro que la culpa, o mejor dicho, la responsabilidad de editar un título sin derechos o con derechos «dudosos» es del editor y nunca del coleccionista ni de la tienda. El coleccionista no tiene por qué saber si algo es «legal» o no.
De hecho, podría darse el caso de que algún coleccionista tenga la información o los conocimientos para «saber» si algo es presuntamente legal o no, y aun así equivocarse, en un sentido u otro.
Si eso le ha podido pasar a personas que hemos trabajado en el sector, negociando y comprando derechos, ¿cómo no va a pasarle a personas ajenas a esa actividad?
Hay casos famosos de ediciones que circularon años de forma «ilegal» antes de llegar oficialmente. ¿Qué enseñanzas sacas de situaciones así?
Bueno, hay muchas lecturas. Una muy clara es que han circulado de forma alegal —me gusta más la palabra, por ese limbo o vacío que ha habido en muchos casos— y, visto el éxito, alguien se ha lanzado a editarlas, teniendo los derechos (raro) o buscándolos (más habitual).
Otra lectura es que las multinacionales, durante años, no han prestado atención a su propio fondo de catálogo y no han tenido interés en editar títulos que tenían una clara demanda o potencial de venta.
Yo mismo, hace muchos años, estando de visita en las oficinas de multinacionales de primer nivel como Warner, Sony o Universal, he echado un vistazo a listas de títulos disponibles y les he marcado muchísimos que eran claramente interesantes.
Me he encontrado con «product managers» que no conocían títulos clásicos, o actores y directores relevantes. Eso me apenaba profundamente y me hacía reflexionar sobre la importancia de conocer cine, más allá de tener conocimientos de marketing y ventas.
Con los años, se ha dado el caso de que han salido títulos de forma alegal que pertenecían, de manera más o menos clara, a multinacionales.
También es verdad que hay muchos, muchísimos, títulos que confunden a mucha gente por el hecho de llevar la cabecera de una multinacional al inicio de la película, especialmente en VHS o incluso en algún DVD primigenio.
Y eso no quiere decir, en muchos casos, que «sea» un título de esa multinacional, ya que podía tratarse de un título distribuido.
Muchas multinacionales se han «apropiado» de títulos de productoras que desaparecieron por quiebra, fusión, adquisición o falta de actividad, y cuya cadena de derechos no quedó del todo clara, sobre todo en el mercado estadounidense.
Desde tu experiencia, ¿qué diferencias hay entre negociar con multinacionales y con productoras independientes?
La falta de agilidad es algo bastante notorio, unida a que el centro de decisión está casi siempre en EE. UU. o en Inglaterra —en casos de sede británica para Europa—, y los ejecutivos españoles tenían pereza, miedo o reparo a la hora de plantear algo a su sede central.
Si a esto le sumamos que los costes para ellos solían ser elevados por lo que necesitaban imputar en abogados, gestión, etcétera, y que pedían mínimos garantizados demasiado altos para títulos de fondo de catálogo, queda claro por qué, durante años, muchos títulos no salieron ni editados por multinacionales ni editados por empresas independientes con contratos de cesión de derechos.
Se dieron casos puntuales, por parte de Karma Films, por ejemplo, con Cameo Media y con otras editoras, que consiguieron editar algún título de Fox o Sony, pero no era lo habitual.
Las productoras independientes, en general, eran mucho más rápidas y ágiles y daban respuestas con mayor claridad y celeridad.
También es cierto, y hay que tenerlo en cuenta, que el mercado español es un pequeño porcentaje del pastel mundial de un derecho audiovisual y que, por ello, el interés en editar un título y cederlo es menor, tanto por el propio resultado económico que se puede obtener como por el mínimo garantizado que se puede pagar por él.
El legado de Manga Films visto desde la perspectiva del coleccionista
Manga Films dejó un sello imborrable en los años 2000 y todavía hoy sus VHS y DVDs se cotizan. Quiero que Ramón nos cuente qué huella cree que dejó en los coleccionistas.
Cuando piensas en Manga Films, ¿cuál fue tu mayor satisfacción sabiendo que miles de coleccionistas estaban disfrutando de esos títulos en sus casas?
Pues hay muchos ejemplos, pero puedo poner uno en primera persona, que fue algo que se me ocurrió personalmente, negocié y llevé a cabo yo, y que fue un éxito absolutamente increíble.
En 2003, Hombres G habían sacado, tras diez años de inactividad discográfica, un disco llamado Peligrosamente juntos, que era una mezcla de recopilatorio y temas nuevos, con gran éxito.
Yo, que había sido un joven que vivió con 18 años la salida del primer disco del grupo y que, como DJ que siempre he sido, los pinchaba y escuchaba, sabía que sus dos películas, aunque malas para la crítica, habían sido muy taquilleras.
Sufre mamón, la primera, superó el millón de espectadores en 1987. Suéltate el pelo, de 1988, pasó de los 800.000 espectadores.
Con esas cifras, la popularidad de Hombres G y el efecto nostalgia por el disco, pensé que editar las películas en DVD sería una buena idea.
Sabiendo que Dani Mezquita, guitarrista y compositor de la banda, trabajaba en Dro East West de Warner, contacté con él por teléfono, sin conocerlo de nada.
Quedamos en Madrid, nos tomamos algo y surgió una complicidad muy buena. Aunque Dani es dos años mayor que yo, pronto vi que compartíamos gustos musicales similares, de bandas muy rockeras clásicas y también de blues o soul.
Un tipo muy inteligente y agradable, que me ayudó a conseguir los derechos hablando con el resto del grupo. De hecho, me invitaron al backstage de un concierto en Mataró y allí conocí al resto de la banda.
Vi el concierto entre bambalinas y conseguí los derechos tras convencer a mi jefe y a los dueños de Manga Films de que pagar 20.000 euros en 2003 por dos películas de Manuel Summers, de Hombres G, era una buena idea.
Y lo fue. Lanzamos el pack en noviembre de 2003, se agotó en pocos días y tuvimos que lanzar una segunda edición.
Fue la primera vez que una edición en Manga Films generaba recuperación del mínimo garantizado vía royalties en el primer trimestre tras su lanzamiento (enero 2004), y generó una liquidación positiva para la productora que ostentaba los derechos.
Actualmente, los derechos los tiene A Contracorriente Films, como el resto de la obra de Summers, y han sacado ambos títulos en Blu-ray.
¿Qué colecciones o títulos de Manga crees que han envejecido mejor o que más valor tienen hoy?
Creo que muchos de los VHS que sacaron en sus inicios, de los sellos de artes marciales, terror y clásicos, no llegaron a salir en DVD.
De hecho, en Manga Films había gente que sabía mucho de cine, y eso se palpaba.
Desde Luis de Val a Xavier Catafal, pasando por el propio Juan Carlos Tous, la gente de marketing, los de televisión (entre los que estaba un joven Ferran Herranz, hoy dueño de La Aventura Audiovisual), mi gran amigo Mike Hostench, que luego estuvo 20 años en el Festival de Sitges, y, por qué no decirlo, yo mismo.
La capacidad para «ver» que algo podía funcionar se respiraba en el ambiente, tanto para comprar librerías enteras como listas de títulos o novedades que caían en nuestras manos.
¿Hubo algún título que personalmente pidieras tener en tu estantería, aunque no fuera un éxito comercial?
Bueno, yo siempre soñé con poder editar en soporte físico algunas series norteamericanas de los años 70 cuyos derechos eran complicados de negociar, por haber desaparecido las productoras o haber sido absorbidas por multinacionales que no tenían ni idea de ellas.
Algunas salieron de forma «alegal», pero no todas.
Hablo de Séptima avenida, Capitanes y reyes o Kane & Abel, por ejemplo.
Esta última es francamente buena y está disponible en una edición más que dudosa.


Si pudieras rescatar una serie de ediciones olvidadas y relanzarlas, ¿cuáles serían?
Si hablamos de títulos editados en Manga Films, le tengo mucho cariño a los títulos de la Hammer, que se compraron con mucha ilusión y no funcionaron especialmente bien, también porque los derechos eran caros y las ventas no fueron las esperadas, salvo en unos pocos casos.
Me gustaría verlas editadas todas, y que las que no salieron o no se compraron se reunieran en una gran colección de la Hammer en Blu-ray.
La Hammer es una de las grandes productoras de la historia del cine y hay muchos títulos que nunca han salido en soporte físico, y dudo que lleguen a salir algún día.
Estado del formato físico en 2025
Hablamos de su presente, de cómo ve el mercado hoy y de qué le emociona como coleccionista y profesional.
Ramón, hoy en día con el streaming y las plataformas bajo demanda, ¿qué papel queda para el formato físico?
Pues es una buena pregunta y la respuesta es muy clara.
Con la variedad de plataformas y la disparidad de contenidos existentes, hay muchos títulos que nunca se editarán en soporte físico, a pesar de tener una posible demanda.
Por las políticas de las plataformas, por un lado, y la caducidad de los derechos de streaming, en muchos casos los títulos desaparecen y ya no están disponibles para el consumidor, sea coleccionista o no.
En muchas ocasiones, me apetece ver una película o se la sugiero a mis hijos, familiares o amigos, y me encuentro con que no está en ninguna plataforma, pero, sin embargo, la tengo en casa en DVD o Blu-ray.
Y eso es una satisfacción y un consuelo en muchos casos.
Pero con los títulos de los últimos años ya no está pasando. Muchos títulos no salen ni saldrán en soporte físico por razones diversas.
En algunos casos, porque van directamente a alguna plataforma desde la productora y nadie tiene los derechos de vídeo doméstico para España.
En otros, porque quien los tiene no quiere editarla ni ceder los derechos, ya sea porque no tiene interés, no ve negocio o, simplemente, no está por la labor.
Todo ello redunda en una frustración para el coleccionista que tiene muy difícil solución.
El formato físico es el refugio para muchos títulos que, de no editarse, pasarán al olvido total y, si no vuelven a estar disponibles en una plataforma, no podrán ser vistos por mucha gente.
Es una pena, pero es así.

¿Ves margen para tiradas razonables o el futuro es cada vez más «edición limitada y precios altos»?
El futuro es muy incierto, ya que este sector siempre ha sido dinámico y cambiante, y cada vez más. No paran de producirse movimientos y cambios.
La reciente compra de Warner, aún no resuelta, por Netflix inicialmente y, quién sabe, si finalmente por Paramount, añade un punto más de duda al futuro del soporte físico, incluso de clásicos tan importantes como todo el fondo de catálogo de Warner.
El futuro pasa por tiradas cortas, controlando el riesgo y, por desgracia, precios más altos, y no porque quienes editan se hagan ricos.
Los costes de edición han crecido debido a las tiradas cortas, la desaparición de proveedores de duplicación y replicación y el incremento de los costes de desarrollo, al tratarse de un mercado marginal, lo que impacta directamente en el precio del producto.
El consumidor que piense que se debe, o se puede, comprar a precios de risa, como si todo el año fuese Black Friday o rebajas, está muy equivocado y hace un flaco favor a quienes aún apuestan hoy en día por editar en formato físico.
¿Crees que siempre habrá títulos que merezcan un Blu-ray o un 4K, aunque llegue años después del estreno?
Por supuesto, y no tengo duda alguna.
Otra cosa es cuántos títulos pueden soportar los costes de edición y producción, además del pago de derechos, en el caso de que no sea una compañía que adquiera el título para cine, televisión y plataformas y tenga el vídeo doméstico incluido, pudiendo explotarlo sin pagar por él.
En mi opinión, los títulos con gran potencial de taquilla, ya sean de superhéroes, terror, acción, ciencia ficción o animación —con reparos—, tienen cierto potencial.
Pero también es sorprendente, y frustrante, la cantidad de gente que ya no tiene reproductor de DVD o Blu-ray en casa.
Muchos amigos míos, que lo tuvieron, ya no lo tienen porque dejó de funcionar y no lo han repuesto, o lo tienen en algún rincón, ya que todo lo ven en plataformas.
Desde tu experiencia, ¿qué distribuidoras están haciendo un buen trabajo para los coleccionistas hoy en España?
Si hablamos de la actualidad, creo que A Contracorriente mantiene un nivel muy bueno y sigue apostando por ediciones de calidad, algunas muy destacables.
Divisa Films no ha dejado de apostar por el formato físico, quedándose con la edición y distribución de títulos para España que nunca hubieran salido de no ser por ellos.
Hay que destacar las ediciones de El 79, siendo una tienda de Barcelona que ha apostado dinero y esfuerzo para editar cosas muy interesantes, algunas de las cuales las he negociado yo y otras ellos mismos, la mayoría.
Hay gente como Reel One o Gabita Barbieri Films que editan títulos que tienen cierto éxito, algunos mucho, otros no tanto o ninguno, más que nada porque obedecen a los gustos de sus propietarios. Creo que pagan demasiado por los derechos, y siento decirlo aunque pueda molestarles, pero cuando te metes a comprar pensando que sabes más que gente que lleva años y años negociando derechos, y pagas mucho más de lo que se paga de media por un título, claro que lo «consigues», pero a un coste que hace que muchas veces no sea rentable.
Si alguien tiene claro que el mínimo garantizado razonable para un título es, pongamos, 1.500 o 2.000 euros, y alguien ofrece mucho más, está claro que lo consigue, pero los números no salen. Actualmente no sé lo que estarán pagando, pero en el pasado está claro que pagaron de más por la mayoría de títulos. Eso puede haber influido en su rentabilidad, porque las ventas no siempre han sido como se esperaba.
Aunque sea polémico decirlo para algunos, Resen ha editado muchas cosas de forma legal, pagando religiosamente derechos y liquidando royalties. Yo mismo he negociado muchas de ellas para ellos. Otras cosas, es cierto, no gozan de esa legalidad de forma clara y no entraré en consideraciones morales, y no he intervenido nunca en ninguna edición sin derechos, ni de Resen ni de nadie. Va contra mis principios y siempre he estado en contra, lo haga quien lo haga.
Ahora bien, hay muchos títulos que nunca hubieran salido ni saldrán si alguien no los edita. Hay gente que sale a lanzar proclamas apocalípticas, pero hay muchísimos derechos de los que no se tiene claro, ni se tendrá nunca, quién es el dueño, por mucho que parezca algo raro. Eso cuesta entenderlo por parte de mucha gente y es algo que sabe cualquiera que haya trabajado en el sector en el área de negociación y compra de derechos.
Hay muchas producciones realizadas en su momento por productoras que ya no existen, algunas creadas incluso para una película concreta, que no tienen herederos legales. Algunas multinacionales se han apropiado de títulos que en su día distribuyeron y que no son suyos legalmente, por ese vacío que cito.
Yo mismo he sufrido en mis carnes la impotencia de negociar, comprar y que la empresa pagase por los derechos de un título, o de varios, y que luego saliese de forma ilegal —no sé si alegal en algún caso—, y que quien me había vendido los derechos, fuese Gaumont, Studio Canal, Channel 4 u otras, se lavase las manos y dijese: «Denuncia legalmente y te apoyaremos».
¿Te apoyaremos cuando el título ya había salido y vendido 1.000, 1.500 o 2.000 copias, por citar algunos casos? Esta frustración la viví varias veces y con títulos clásicos franceses o ingleses de los años 60, 70 y 80, por lo que puedo decir que es un mundo muy complejo y del que mucha gente sabe poco y opina mucho.
¿Qué tendencias te llaman más la atención en el mercado actual: restauraciones, packs especiales, Steelbooks, ¿ediciones numeradas…?
No he entrado, ni creo que entre ya, en el 4K. Me pasé al Blu-ray, aunque conservo muchos títulos en DVD (aproximadamente el 60 % de mi videoteca).
La calidad de imagen y sonido del Blu-ray me parece más que suficiente y no me motiva comprar un título en 4K, por mucho que mejore su calidad.
Algunos packs especiales sí que me llaman la atención y las ediciones numeradas tienen su gracia, si respetan realmente la tirada y la numeración. Aunque tengo algunos Steelbooks, nunca me ha llamado especialmente la atención el formato ni me he vuelto loco por comprar esas ediciones.
Las ediciones con buena calidad de imagen y sonido sí que me motivan, especialmente de títulos que nunca hayan salido antes en DVD o que saliesen con mala calidad o con una edición muy básica.
Sí que he renovado muchos títulos de DVD a Blu-ray, en películas que me parecen fundamentales en mi colección y que no tenía claro si llegarían a salir en Blu-ray.

Ramón Caro como coleccionista
Ramón no solo ha trabajado en el negocio; también es un coleccionista empedernido. Más de 9.000 películas y sigue sumando. Me gustaría saber cómo vive su pasión desde dentro de su propia estantería y qué le mueve a seguir coleccionando hoy en día.
Ramón, hablemos de tu colección personal: ¿cómo empezó todo y cuándo supiste que esto se iba a convertir en algo serio?
Antes de trabajar en el sector, me había comprado algunos VHS y los tenía en casa.
Cuando empecé a trabajar en Manga Films, me encontré con un mundo nuevo a mi alcance. Por un lado, podía comprar —y lo hacía a menudo— películas a precio de empleado, muy cercano al de coste. Así, a partir del año 2000, me compré muchas películas en DVD según las iba editando Manga, y fui creando una colección limitada.
Por otro lado, y como práctica habitual en el sector, compañeros que trabajaban en otras compañías, con los que mantenía una buena relación —me considero una persona que se relaciona bien y mantiene vínculos—, me mandaban novedades e incluso títulos de fondo que yo les podía pedir; algunos a precio de empleado y otros directamente me los regalaban porque podían o les apetecía.
En pocos años me encontré con una cantidad de películas que superaba ya las 2.500 o 3.000 y empecé a tener problemas de almacenamiento. Por suerte, tengo una casa grande, con mucho espacio, y destiné una estantería grande en mi despacho para ubicar las películas.
Pero ese espacio se quedó pequeño y llegué a tener más de 2.000, quizá 3.000 películas apiladas en esa habitación contra la pared, lo cual era bastante caótico. Me gasté un buen dinero y mandé construir un armario de doble fondo, con capacidad para unas 6.000 películas, muy práctico, que ubiqué en otra habitación de la casa, en la planta baja, donde tengo discos de vinilo y CDs, además de mis equipos de DJ y altavoces.
Hoy por hoy, quizá me desprendería de 1.000 o 2.000 películas porque no me generan interés, pero me da hasta pereza ponerme a seleccionarlas y, eventualmente, venderlas. Quizá algún día lo haga.



Hoy tienes más de 9.000 películas, ¿verdad? ¿Cómo organizas y gestionas una colección de ese tamaño?
Hasta hace nada tenía más de 9.500, porque vendí unas 500 hace unos meses, básicamente DVDs que tenía repetidos o que ya no me interesaban.
La verdad es que tengo un caos en la colección. No tengo demasiado tiempo, o no lo busco, para ponerme a ordenarla. Hacerlo por orden alfabético, por género, por director, por editora o cualquier otro criterio no me convence.
Tengo un buen amigo, mítico empresario del sector, Juan Rado, que fue el dueño de Videocadena Broadway, y que tiene una magnífica colección ordenada por compañías. Yo no llego a eso y las tengo separadas entre Blu-ray y DVD, lógicamente, y con algún pequeño orden.
Tengo todas las de Marvel juntas, las de la saga Star Wars juntas, las de Disney todas juntas y luego algunas filmografías agrupadas, como Kurosawa, Woody Allen o Hitchcock. Pero, en general, es una colección caótica.
Eso sí, hay algo muy curioso: a pesar de tener casi 10.000 películas, me puedes preguntar por una y sé la zona del armario donde está, o muy cerca. Y si la tengo entre las más de 2.000 de la habitación de la planta de arriba, también lo sé.
A veces me frustro porque busco una en concreto durante un buen rato y no la encuentro, pero es el peaje por no tener la colección ordenada.



¿Tienes algún criterio para elegir qué comprar y qué no, o simplemente te dejas llevar por la emoción del hallazgo?
Actualmente, teniendo ya todo lo que me interesa tener, o casi todo, solo compro cosas muy puntuales que complementen mi colección.
Seguiré comprando lo que vaya editándose de Woody Allen o Quentin Tarantino, por ejemplo, y si sale algo más de la saga Star Wars. Ya no compro películas nuevas de acción o terror, por decir algo, que no sean muy importantes para mí.
Reconozco que he perdido bastante el interés por lo que se edita actualmente, porque lo que me interesa lo tengo casi todo. De hecho, he retado a algún amigo a que me diga títulos de toda la historia del cine y los tengo casi todos. Si alguno no lo tengo es porque no me interesa.
Puedes imaginar que casi todo lo que se te ocurra desde los años 30 o 40 lo tengo, salvo cosas muy específicas que no me atraen.
Los principales westerns, las mejores comedias, cine de terror clásico —aunque no es mi género preferido—, cine negro clásico, ciencia ficción, algunos musicales, cine francés de los 50, 60 y 70, cine italiano, cine coreano desde 1995 de lo más importante, cine japonés, animación… Creo que tengo una colección bastante interesante.


¿Hay títulos que guardas solo por valor sentimental y otros por valor coleccionista? ¿Puedes darnos ejemplos?
Por valor sentimental tengo algunos títulos de los que no me desprenderé.
Tengo varias ediciones de Grease, tanto en DVD como en Blu-ray. Tengo ediciones norteamericanas de Desmadre a la americana y la española tanto en DVD como en Blu-ray.
Tengo la saga de El Padrino en DVD y en Blu-ray, también Regreso al futuro, Star Wars (las seis primeras), Jurassic Park o Los Soprano, tanto en DVD como en Blu-ray, con la serie completa.


Con tanto material, ¿tienes alguna película que consideres «la joya de la corona»?
Es difícil decirlo, pero tengo varias ediciones de mi película preferida: Pulp Fiction.
Tengo el DVD que editó Lauren Films en su momento, el posterior de Buena Vista (Disney), que es un digibook precioso con muchos extras, y el Blu-ray de Emon también. Siendo la película de mi vida, es lógico.
Como curiosidad, tengo el DVD de una frikada llamada «Plump Fiction», que editó Manga Films primero en VHS y luego en DVD.
La auténtica joya de la corona es el pack en Blu-ray de Los Soprano. Para mí, la mejor serie de la historia y algo que no me cansaría de ver una y otra vez. Con la calidad de imagen y sonido del Blu-ray, prefiero verla en físico que en HBO Max.
¿Qué sensaciones te provoca añadir una nueva edición a tu colección hoy, en pleno 2025?
Pocas, he de reconocerlo, salvo que sea algo que me haga mucha ilusión. Y ya he dicho que no hay casi nada que me apetezca tener que no tenga ya.
¿Cómo crees que ha cambiado tu percepción de la colección desde que empezaste hasta ahora, con más experiencia y conocimiento del sector?
Creo que acumular tanto, en mi caso, ha sido excesivo, pero también es cierto que una parte de la colección no es comprada, y eso explica la enorme cantidad de títulos.
Ahora bien, le doy mucho valor a cuando quiero volver a ver una película y, por pereza de buscarla, la intento localizar en alguna plataforma y me doy cuenta de que no está. Si la tengo en la colección, poner el DVD o el Blu-ray me da satisfacción, me resuelve la papeleta y puedo verla y disfrutarla.
¿Alguna vez has tenido que renunciar a una película que deseabas por precio, rareza o alguna otra complicación?
No he llegado a ese punto, la verdad. Es cierto que, cuando compraba con frecuencia, esperaba a las rebajas y promociones, salvo en títulos muy concretos, que compraba nada más salir.
¿Cuál es la emoción más grande que te ha dado tu colección, algo que te hizo sentir que todo el esfuerzo valió la pena?
Pues la edición en físico por primera vez de El increíble hombre menguante, que editó Universal en DVD.
Yo la tenía comprada en VHS, pagando 5.000 pesetas a finales de los 80, sacada de alguna fuente de EE. UU. Debo confesar que es una de las pocas compras “piratas” que he hecho, y pagando a precio de oro, pero tiene explicación.
Esa película se emitió en TVE en octubre de 1981, dentro de «Mis terrores favoritos», y se fue la luz a media película. Mi frustración, con catorce años, fue enorme porque no pude acabar de verla y me quedé con las ganas durante años.
Como no me constaba que se volviera a emitir y no estaba disponible en ningún videoclub, me hice con ella en VHS grabado y pude verla íntegra, por fin. Se convirtió en una de mis preferidas y la he visto más de 20 veces desde entonces.
Sigo conservando ese VHS, el DVD y el Blu-ray editado posteriormente por Resen.


Consejos y reflexiones para coleccionistas
Quería aprovechar que Ramón es coleccionista también, para sacar su visión personal sobre cómo enfrentarse a esta pasión.
¿Qué consejos darías a alguien que quiere empezar su colección de películas en formato físico sin volverse loco?
Actualmente le diría que fuese muy selectivo. Le costará encontrar muchos títulos porque han desaparecido casi por completo las tiendas físicas.
Le recomendaría hacerse una lista de lo que realmente le hace ilusión, por género, director, actor o actriz, etc., e ir a por ello.
Hay tiendas como El 79 en Barcelona y alguna otra en Madrid y otras ciudades donde comprar fondo de catálogo a buen precio. Además, DVD Store Spain es una magnífica tienda y en Amazon también se puede encontrar mucho.
Pero que no se vuelva loco pagando fortunas por títulos descatalogados a precios absurdos.
¿Cómo eliges tú personalmente qué comprar y qué no, hoy en día?
Hoy en día compro poco, y tiene que ser algo que complemente mi colección o que me haga ilusión tener, o bien algo de alguno de mis directores fetiche, como Allen o Tarantino.
Lo tengo todo de ambos, aunque en el caso de Tarantino son pocas películas y en el de Allen bastantes más, con la excepción de Vicky Cristina Barcelona, que es la única que no me interesa y me parece infumable.
También tengo toda la filmografía de Almodóvar, que me parece más que interesante, aunque haya tenido algunos borrones en su carrera.
¿Qué errores comunes ves que cometen los coleccionistas novatos?
No soy tan experto en cómo piensan o actúan los coleccionistas novatos, pero actuar por impulsos o sin pensar bien cómo quieren configurar su colección es el primer error.
Coleccionar cualquier cosa requiere dinero, espacio y tiempo. Valorarlo todo en su justa medida es importante.
¿Qué título consideras «obligatorio» en cualquier estantería y por qué?
Es muy difícil responder. Me cuesta hacer listas de 50, 100, 500 o incluso 1.000 películas imprescindibles.
Durante los primeros días de la pandemia de la COVID hice una lista de 440 títulos imprescindibles, en grupos de 20 y alguno de 10, por géneros y según mi criterio. Aun así, quedaron fuera cientos o miles de títulos.
Es una lista que sigue circulando y ha sido muy aprovechada. Me consta que mucha gente ha descubierto títulos clásicos, y no tan clásicos, gracias a ella. Sigue moviéndose por WhatsApp y correo electrónico en PDF, y no hace mucho se la pasé a un amigo de mi hijo, que ya me va diciendo cuáles ha visto.
Como «obligatorio», creo que la trilogía de El Padrino es fundamental. Verla, volver a verla y verla una y otra vez.
Es tan importante, a pesar de que la tercera parte sea inferior a las dos obras maestras anteriores, que la considero básica en cualquier colección.

¿Qué ediciones recientes te han sorprendido por su calidad, mimo o rareza?
Algunos packs de A Contracorriente, por el mimo en el diseño, el packaging y el cuidado de la edición.
También he visto cosas muy interesantes por parte de Selecta Visión, que trabajan muy bien el soporte físico y, no por casualidad, ahora están en el mismo grupo empresarial.
Avalon ha producido ediciones muy interesantes y Elástica Films también.
Destacaría el esfuerzo editorial de Ediciones 79 con la trilogía de El Torete o con clásicos del fantaterror español, que tiene muchísimo mérito.
Su faceta actual y próximos proyectos
Para cerrar, quiero que nos hables de lo que sigues haciendo hoy en día y cómo ves el futuro del sector.
Ahora que ya no estás en Manga o Cameo, ¿sigues vinculado al mundo de las licencias y derechos? ¿Cómo?
Sigo vinculado de forma residual, porque mantengo buenos contactos y relaciones y he colaborado, en estos siete años desde que «salí» del sector, con empresas diversas a las que les he conseguido derechos de títulos a los que no tenían acceso por no conocer a las personas responsables o no saber a qué puerta llamar.
He negociado muchos títulos para El 79, para Resen y para alguna otra editora, siempre con condiciones razonables y cerrando contratos que permitieran editar de la forma más sostenible posible para editores y propietarios de derechos.
Pero, lamentablemente, y aunque me duele decirlo, me quedé sin un «hueco» en el mercado audiovisual y he tenido que buscarme la vida profesionalmente en otros ámbitos, porque hay que pagar facturas y, a mi edad, es muy complicado reubicarse, a pesar de tener un buen nivel de estudios —carrera y dos posgrados en escuelas de negocios de prestigio mundial—, experiencia en varios sectores e idiomas como francés, italiano e inglés.
¿Hay algún proyecto personal que estés desarrollando para coleccionistas o para ediciones especiales?
Actualmente, como proyecto personal, no, pero sigo buscando y negociando títulos que me piden y procuro hacerlo tanto por placer coleccionista como porque algo facturo con ello y, como autónomo, es una pequeña parte de mis ingresos.
¿Qué películas te gustaría conseguir ahora, por nostalgia o por valor histórico?
La verdad es que ahora mismo no hay casi nada, pero ya he citado La frontera azul y tengo localizada a la productora. Si no se adelanta alguien editándola de forma «alegal», la buscaría y negociaría.
Eso sí, el tema del doblaje en castellano sería complicado, porque se hizo para TVE y no sé si está disponible.
Desde tu experiencia, ¿qué consejo darías a las distribuidoras que quieren seducir al coleccionista moderno?
No soy quien para dar consejos, y menos en un mercado tan complejo y cambiante como el audiovisual, pero les pediría que no olviden que existe un público —reducido, pero público al fin y al cabo— dispuesto a comprar películas para tenerlas en casa, en su estantería.
Que lo cuiden y lo mimen, porque son una parte del sector audiovisual y, aunque pequeña, una parte real de los ingresos de una película, serie o documental.

Despedida
Ha sido increíble poder charlar con Ramón, no solo porque nos ha dado una mirada privilegiada al interior del negocio, sino también porque demuestra que detrás de cada edición hay pasión y cariño por el cine.
Para los coleccionistas, escuchar esto es como abrir un paquete de edición limitada: emoción, información valiosa y ese pequeño escalofrío de saber que cada película que tenemos en casa llegó ahí gracias a alguien que la quiso hacer realidad.
Gracias, Ramón, por contarnos tu historia, tus secretos y tus reflexiones. Creo que todos los que tenemos una estantería llena de películas vamos a mirar nuestras colecciones de otra manera después de esta charla.


















