Cada cierto tiempo alguien decide que ya toca volver a adaptar la única novela de Emily Brontë.
Y ahora le ha tocado a Emerald Fennell, que después de «Una joven prometedora» y «Saltburn» se atreve con una versión de Cumbres Borrascosas en este 2026.
Y claro, cuando juntas clásico inmortal + directora de moda + dos estrellas como Margot Robbie y Jacob Elordi (sí, lo meto como celebrity aunque sea actor, porque está en modo fenómeno global), sabes que la cosa va a generar ruido.
Mucho ruido.
La pregunta es: ¿hay tormenta de verdad o solo viento bien iluminado?
Mucho guapo, mucha estética… ¿y la mala leche?
Vamos al grano: la peli entra por los ojos que da gusto.
Cada plano está diseñado como si supiera que va a acabar convertido en fondo de pantalla o en clip viral. Hay bruma, hay vestidos al viento, hay miradas intensas con luz lateral perfecta. Es una adaptación muy consciente de su imagen, muy pendiente de que cada encuadre tenga “momentazo”.
Y eso, oye, funciona.
La historia de amor entre Cathy y Heathcliff aquí se vive como una pasión épica, trágica y arrebatada. Robbie y Elordi tienen química. Él impone sin decir demasiado —le favorece ese rollo de presencia silenciosa— y ella equilibra dulzura con carácter.
El problema es que esta Cumbres Borrascosas parece más interesada en que suspiremos que en que nos incomodemos.
Porque si algo tenía la novela original era mala uva.
Era una historia de amor sí, pero también de obsesión enfermiza, de orgullo, de rencor que pudre generaciones. Aquí todo eso se suaviza. Se lima. Se convierte en tragedia romántica más que en descenso a lo tóxico.
Y claro… pierde filo.

Una adaptación que prefiere emocionar antes que molestar
No voy a entrar en comparativas de museo, pero lo cierto es que esta versión decide centrarse casi exclusivamente en el romance central. Todo gira en torno a ellos dos. Lo demás orbita.
Se simplifican conflictos. Se reordenan culpas. Se reduce la oscuridad. Donde antes había crueldad explícita, ahora hay drama estilizado. Donde antes había personajes incómodos, ahora hay figuras más digeribles.
¿Es esto un crimen? No. Es una elección.
Pero es una elección que convierte una historia salvaje en una historia intensa pero bastante más “bonita”. Más de lágrima contenida que de rabia visceral.
Emerald Fennell sigue siendo Fennell
Si algo queda claro es que Fennell tiene una voz visual muy marcada. Le gusta el contraste entre lo elegante y lo turbio. Le gusta la imagen potente. Le gusta el impacto emocional inmediato.
Aquí vuelve a demostrar que sabe construir escenas con fuerza estética y que entiende perfectamente cómo conectar con un público joven que busca romanticismo con tragedia. Y seguramente mucha gente saldrá del cine con el corazón hecho trizas… pero en plan bien.
Ahora bien, a mí me ha pasado lo mismo que con sus anteriores películas: admiro más lo que hace que lo que me provoca. Me gusta verla rodar, pero no termino de meterme del todo en lo que cuenta.
¿Es una buena película?
Sí. Es sólida, es vistosa, es emocionalmente efectiva y tiene dos protagonistas que venden la pasión sin problema.
¿Es una adaptación que capture toda la brutalidad de la novela?
Para mí, no. Se queda más en el romance que en la herida.
Es una versión que busca convertirse en la historia de amor trágica de una nueva generación. Y probablemente lo consiga. Pero si vas esperando barro, resentimiento y personajes que te caigan mal por momentos… aquí eso está bastante domesticado.
Valoración final (en confianza)
Te lo digo como si estuviéramos tomando una caña: me ha gustado, pero no me ha removido. La he disfrutado, pero no me ha dejado tocado.
Es preciosa, sí. Es intensa, también. Pero me faltó ese pellizco incómodo que hace que salgas pensando “estos dos están fatal… y por eso es tan grande”.
Aquí todo es más romántico que salvaje.
Y oye, igual eso es justo lo que mucha gente quiere ahora mismo.
¿La recomendaría? Sí.
¿Es la adaptación definitiva? Ni de lejos.
Pero si sales del cine con ganas de llamar a alguien y decirle “oye, no la caguemos”… entonces igual algo ha hecho bien.


