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Cine · Coleccionismo · Formato físico

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Dobermann en Blu-ray: violencia y adrenalina

Violencia, humor negro y adrenalina sin frenos. Dobermann, la salvajada de Jan Kounen con Vincent Cassel y Monica Bellucci, llega en Blu-ray de la mano de A Contracorriente Films con una llamativa funda roja y varios extras.

Cinemix

Un auténtico animal salvaje del cine francés

Hay que reconocer que el cine francés de los noventa tenía una mala leche bastante especial cuando se proponía romper las reglas. Dobermann, dirigida por Jan Kounen en 1997, es una de esas películas que todavía hoy consigue dejarte con cara de «¿pero qué demonios acabo de ver?».

Recuerdo perfectamente esa época en la que el cine de acción europeo empezaba a experimentar con una estética mucho más agresiva, montajes frenéticos, personajes pasadísimos de vueltas y una violencia que parecía competir por ver quién llegaba más lejos. Kounen decidió llevar Dobermann a un terreno bastante más gamberro y provocador.

Este mes, A Contracorriente Films ha recuperado esta salvajada en Blu-ray, con una edición que viene acompañada de una funda slipcover y un estuche rojo que le queda genial. Solo hay que echar un vistazo a esa portada, con el perro de aspecto amenazante sobre un fondo rojo intenso, para darse cuenta de que han querido darle una presentación con personalidad.

Y me gusta. Me gusta mucho, de hecho, que se apueste por este tipo de películas dentro del formato físico. Porque Dobermann representa una forma de entender el cine de acción que actualmente resulta bastante difícil de encontrar. Nadie parece interesado en caer simpático, los personajes son unos auténticos desgraciados y la película disfruta revolcándose en su propia incorrección.

La historia nos presenta a Yann Lepentrec, conocido como Dobermann, un atracador interpretado por Vincent Cassel que lidera una banda de delincuentes tan peculiar como peligrosa. Entre sus integrantes encontramos a Nathalie, interpretada por Monica Bellucci, una mujer sordomuda que participa activamente en las operaciones del grupo.

Después de un espectacular atraco, la banda se convierte en el objetivo de una persecución policial encabezada por el comisario Christini, al que da vida Tchéky Karyo. Y aquí viene una de las grandes gracias de la película: el policía encargado de detener a estos criminales puede llegar a resultar incluso más desagradable y perturbador que aquellos a los que persigue.

Con semejante punto de partida, Jan Kounen construye un espectáculo excesivo, sucio, acelerado y deliberadamente provocador. Una película que no pretende comportarse bien y que, precisamente por eso, sigue teniendo una personalidad bastante reconocible casi treinta años después de su estreno.

Jan Kounen y el placer de llevarlo todo demasiado lejos

Si hay algo que define a Dobermann es su absoluta falta de moderación.

Jan Kounen venía del mundo de la publicidad y los videoclips, y eso se nota. Su forma de colocar la cámara, de montar las secuencias y de utilizar la música tiene una energía muy particular. Todo parece diseñado para golpearte visualmente, mantenerte incómodo y evitar que puedas relajarte demasiado.

La película tiene bastante de cómic underground llevado a imágenes reales. Los personajes parecen caricaturas deformadas de los habituales delincuentes del cine negro, las situaciones alcanzan niveles de violencia disparatados y el humor negro aparece cuando menos te lo esperas.

Y ojo, porque ese humor es bastante salvaje.

Encontramos una provocación constante, con personajes que sueltan barbaridades, comportamientos absolutamente despreciables y una violencia que en ocasiones roza lo grotesco. Kounen parece disfrutar poniendo a prueba la paciencia del espectador, buscando deliberadamente esa reacción de sorpresa, rechazo o carcajada incómoda.

Evidentemente, no todo el mundo va a entrar en su juego.

De hecho, entiendo perfectamente que alguien pueda encontrar Dobermann menos accesible. Su montaje puede resultar agotador, algunos personajes son excesivamente histriónicos y determinados momentos parecen existir únicamente para provocar. Pero también creo que esa falta de contención forma parte de su identidad.

Es una película profundamente hija de los noventa, de una época en la que el cine de acción experimentaba con una estética heredada de los videoclips, los cómics y la publicidad. Resulta fácil encontrar conexiones con el cine criminal más estilizado de aquellos años, aunque Kounen apuesta por una puesta en escena especialmente agresiva.

Otro de sus grandes atractivos está en el reparto.

Vincent Cassel tiene esa capacidad tan particular para interpretar personajes peligrosos, imprevisibles y tremendamente carismáticos. Su Dobermann es un delincuente que parece disfrutar de su propia leyenda, un tipo con una presencia magnética que domina buena parte de la película.

Monica Bellucci aporta una presencia igualmente llamativa como Nathalie, un personaje que participa de ese universo criminal sin quedar reducido a un simple acompañamiento decorativo.

Pero personalmente creo que Tchéky Karyo se lleva buena parte de la función.

Su comisario Christini es un auténtico psicópata con placa. Un individuo cruel, despiadado y completamente obsesionado con acabar con la banda. Karyo lo interpreta con una intensidad que convierte cada aparición en una amenaza, hasta el punto de que uno termina preguntándose quién representa realmente el mayor peligro.

Ese enfrentamiento entre delincuentes descontrolados y policías que actúan con una brutalidad igualmente desmedida es uno de los elementos más interesantes de la película.

Porque, por debajo de toda esa pirotecnia visual, Dobermann también juega con la idea de una sociedad en la que la frontera moral entre criminales y autoridades está completamente podrida.

Eso sí, tampoco voy a venderte la película como un profundo tratado sobre la condición humana. Kounen está mucho más interesado en el impacto, la velocidad y el espectáculo.

Y cuando acepta sus propias reglas, Dobermann funciona como una auténtica descarga de adrenalina.

¿Por qué tienes que ver Dobermann?

Voy a empezar por lo más evidente: si te gusta el cine de acción gamberro, violento y sin demasiados filtros, aquí tienes material para disfrutar de lo lindo.

Dobermann tiene una energía que echo bastante de menos en determinadas producciones actuales. Se nota que Jan Kounen quería llamar la atención, experimentar con las imágenes y construir un universo que resultase reconocible desde el primer fotograma.

No siempre acierta, desde luego. Hay decisiones visuales que han envejecido de manera discutible y momentos en los que el director parece más preocupado por demostrar lo mucho que puede mover la cámara que por dejar respirar una escena.

Pero incluso esos excesos tienen su encanto.

A mí me resulta especialmente interesante recuperar películas que reflejan tan claramente una época. Y Dobermann es un buen ejemplo de aquel cine que buscaba sorprender mediante una combinación de violencia estilizada, música contundente, personajes extravagantes y una realización absolutamente desatada.

También merece la pena por su reparto.

Ver a Vincent Cassel, Monica Bellucci y Tchéky Karyo compartiendo una historia tan desquiciada tiene bastante atractivo. Los tres entienden perfectamente el tono de la película y se entregan a unos personajes que, en manos de intérpretes menos comprometidos, podrían haber resultado ridículos.

Y después está su condición de película de culto.

Con los años, Dobermann ha conservado un lugar particular entre los aficionados al cine de acción europeo más extremo. No necesita gustarle a todo el mundo para mantener ese atractivo. De hecho, parte de su encanto está precisamente en lo divisiva que puede resultar.

Si te interesan las películas que se salen del camino habitual, que asumen riesgos formales y que no tienen ningún problema en resultar desagradables, creo que merece una oportunidad.

Eso sí, conviene acercarse a ella sabiendo perfectamente lo que vas a encontrar.

Hay violencia explícita, humor de muy mal gusto, personajes repulsivos y una puesta en escena que prácticamente no conoce el significado de la palabra tranquilidad.

Si te apetece una película que parece estar constantemente a punto de salirse de la pantalla, prepara las palomitas y disfruta del espectáculo.

La edición física

A Contracorriente Films ha apostado por una presentación bastante atractiva para recuperar Dobermann en formato físico.

La edición incluye un Blu-ray presentado en estuche Amaray rojo y acompañado de una funda slipcover. El diseño de la cubierta, dominado por un rojo intenso y la ilustración de un dóberman enseñando los dientes, tiene mucha fuerza visual. Además, el estuche rojo ayuda a mantener esa identidad cuando retiramos la funda.

En cuanto a las características técnicas, la película se presenta con formato de imagen 2.35:1, pista original francesa en DTS-HD Master Audio 5.1 y doblaje castellano en DTS-HD Master Audio 2.0. También incorpora subtítulos en castellano.

A continuación puedes ver el reportaje fotográfico de la edición.

Contenido extra

Siempre agradezco que una distribuidora acompañe este tipo de recuperaciones con contenidos adicionales. Especialmente cuando hablamos de películas tan particulares como Dobermann, donde conocer algo más sobre las decisiones del director puede resultar bastante interesante.

En este caso, A Contracorriente Films incluye una selección de materiales promocionales y piezas relacionadas con la producción, con una duración conjunta de aproximadamente 35 minutos, sin contar la navegación por el apartado de otros títulos.

  • Tráiler (1'38")
  • TV Spots originales (59″)
  • Ensayos con audiocomentario opcional del director (4'38")
  • Decorados y armas con audiocomentario opcional del director (5'10")
  • Cómo se hizo (22'55")
  • Otros títulos (3 Tráilers)

De entrada, los materiales que más me llaman la atención son los dos contenidos que permiten escuchar los comentarios de Jan Kounen.

En una película con una personalidad visual tan marcada, poder acercarse a la visión del responsable de semejante locura siempre tiene su interés. Tanto los ensayos como el apartado dedicado a decorados y armas cuentan con esa opción de audiocomentario, lo que aporta un valor adicional frente a unos simples vídeos de archivo.

El contenido más extenso es el «Cómo se hizo», de casi 23 minutos, que constituye la pieza principal del apartado de extras. Es precisamente el tipo de material que más me gusta encontrar cuando recupero una película de estas características, porque permite dedicar un rato adicional a su proceso de producción.

Estamos ante una selección de extras bastante apañada.

Conclusiones

Me alegra que A Contracorriente Films siga apostando por recuperar películas como Dobermann en formato físico.

Porque estamos hablando de un título que representa una forma de hacer cine bastante particular, una mezcla de thriller criminal, acción exagerada, humor negro y provocación que difícilmente podría pasar desapercibida.

Jan Kounen debutó en el largometraje con una película que parece empeñada en demostrar que siempre se puede ir un poquito más lejos. Más violencia, más velocidad, más personajes desagradables y más decisiones visuales extravagantes.

Y claro, el resultado es tremendamente irregular en algunos momentos.

No voy a negar que ciertas escenas parecen alargarse demasiado, que algunos recursos estilísticos han envejecido peor de lo que seguramente pretendía su director o que su empeño por escandalizar puede terminar resultando algo cansino.

Pero también encuentro mucho encanto en esa actitud.

Dobermann tiene una personalidad que no se puede negar, y eso es algo que valoro especialmente cuando revisito películas de otras décadas. Me gusta encontrar propuestas que se atrevían a ser distintas, aunque por el camino cometieran excesos o tomaran decisiones cuestionables.

Además, cuenta con un reparto que se entrega completamente a la locura. Vincent Cassel tiene una presencia formidable, Monica Bellucci encaja muy bien en ese universo criminal y Tchéky Karyo construye un villano verdaderamente despreciable.

¿Merece la pena hacerse con este Blu-ray?

Si ya conoces Dobermann, te gusta y quieres incorporarla a tu colección, esta edición resulta atractiva por su presentación y por los contenidos adicionales que incluye.

Si todavía no la has visto, mi recomendación es que primero tengas claro el tipo de película al que te enfrentas. Es una propuesta excesiva, violenta, ruidosa y bastante desagradable por momentos. Puede entusiasmarte o puede sacarte de quicio, y las dos reacciones me parecen perfectamente comprensibles.

En mi caso, sigo encontrando muy entretenido ese espíritu macarra y descontrolado que recorre toda la película.

Y desde el punto de vista del coleccionismo, siempre me parece una buena noticia que títulos de estas características encuentren su sitio en nuestras estanterías, especialmente cuando llegan con una presentación física cuidada.

Al final, Dobermann sigue siendo ese perro rabioso que Jan Kounen soltó en las salas de cine en 1997.

Casi treinta años después, continúa enseñando los dientes.

Y con esta funda roja, desde luego, no va a pasar desapercibido en la colección.

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