La película ya la he visto… pero qué gustito da tenerla
Hay una verdad incómoda que todo coleccionista de formato físico conoce y rara vez admite en voz alta: muchas de las películas que compramos no las vamos a volver a ver.
O al menos, no pronto.
O al menos… no todas.
Y aun así, ahí estamos. Comprando. Reservando. Colocándolas con mimo en la estantería.
Porque el disfrute no siempre está en darle al play.
Ver no es lo mismo que poseer
Ver una película es una experiencia concreta, delimitada en el tiempo. Dura lo que dura el metraje y se acaba.
Poseerla, en cambio, es un placer continuo.
Está en saber que está ahí.
En verla en la estantería.
En recordar dónde y cuándo la conseguiste.
En pensar: «algún día volveré».
Ese «algún día» puede tardar años. No pasa nada. El goce ya se ha producido.
El ritual importa (y mucho)
El formato físico no es solo contenido. Es ritual:
- Quitar el precinto
- Abrir la caja por primera vez
- Revisar el disco
- Mirar el libreto
- Leer los extras aunque no los pongas hoy
Ese momento ya justifica la compra. Aunque luego la película no vuelva a entrar en el reproductor en mucho tiempo (o quizá nunca)
Porque no todo placer tiene que ser inmediato.
La estantería como memoria
Las baldas no son solo almacenamiento. También son archivo emocional.
Cada edición cuenta algo:
- Una etapa
- Un gusto concreto
- Un director descubierto
- Un arrebato de compra impulsiva (sí, esa también)
A veces miras la colección y no piensas en «qué voy a ver», sino en quién eras cuando la compraste.
Y eso no te lo da una plataforma.
Comprar no es consumir. Es comprometerse
En streaming, el consumo es rápido, ligero, olvidable.
En formato físico hay intención.
No compras solo para ver. Compras para tener, para guardar, para preservar.
Incluso aunque no revisites la película, ya has establecido una relación con ella.
Y eso, aunque suene exagerado, es una forma de amor cinéfilo.
Tranquilo: no eres raro. Eres coleccionista
Si te reconoces en esto, si has comprado películas que ya has visto solo porque «tenían que estar en la colección», no te preocupes.
No estás acumulando por acumular.
Estás construyendo una colección, y eso se disfruta incluso en silencio, incluso sin darle al play.
Porque a veces el mayor placer no es volver a ver la película.
Es saber que puedes hacerlo cuando quieras.
Y mientras tanto…
qué gustito da tenerla ahí.


















