Dos vidas girando alrededor del mismo punto
Julio Medem nunca ha sido precisamente un director de ir por el camino más corto.
Le gustan las casualidades, los destinos que se cruzan, el amor entendido casi como una fuerza de la naturaleza y esos personajes que parecen condenados a encontrarse aunque la vida se empeñe en colocarlos en extremos opuestos.
En 8 vuelve a meterse de lleno en ese terreno tan suyo, aunque esta vez utiliza nada menos que 90 años de historia de España como escenario para la relación entre sus protagonistas.
La película está escrita y dirigida por Medem y llegó en 2025, siete años después de El árbol de la sangre.
Está protagonizada por Ana Rujas y Javier Rey, acompañados por nombres como Álvaro Morte, Tamar Novas, Loreto Mauleón, Carla Díaz y María Isasi. Tiene una duración de 126 minutos y pasó por la 28ª edición del Festival de Málaga antes de su estreno comercial.
En el centro de todo están Adela y Octavio, dos personas cuyas vidas avanzan conectadas desde su nacimiento.
La historia arranca alrededor de la proclamación de la Segunda República y atraviesa distintas etapas de la España del siglo XX hasta llegar al XXI. Medem organiza ese enorme recorrido en ocho momentos decisivos, utilizando la forma del número ocho como símbolo de dos trayectorias que giran, se separan y vuelven a cruzarse.
Y sí, dicho así puede sonar tremendamente ambicioso. Lo es.
Medem utiliza además ocho largos planos en continuidad para construir esos ocho capítulos, convirtiendo cada salto temporal en una pequeña pieza con identidad propia. El planteamiento visual tiene bastante de ejercicio de estilo, pero está integrado en una película que quiere hablar de memoria, heridas familiares, deseo, muerte, perdón y de esa división española que parece empeñada en reaparecer generación tras generación.
El resultado puede provocar reacciones bastante diferentes dependiendo de lo dispuesto que uno esté a entrar en el universo del director. 8 es sentimental, simbólica y por momentos tremendamente enfática. Medem no parece tener demasiado interés en esconder sus intenciones.
Y precisamente ahí está buena parte de su atractivo y también de sus puntos más discutibles.

Un ocho, dos vidas y noventa años de heridas
Lo que más me interesa de 8 es la manera en que Medem convierte la relación de Octavio y Adela en una especie de espejo de España.
Los protagonistas no viven aislados de aquello que sucede alrededor. Sus familias, sus decisiones y hasta la forma en la que pueden relacionarse están condicionadas por un país que va acumulando heridas.
La película comienza con ambos naciendo en pueblos vecinos mientras España entra en una nueva etapa histórica. Desde ahí, sus caminos quedan unidos aunque ellos todavía no puedan saberlo. Medem aprovecha esa idea para recorrer ocho fechas y momentos determinantes entre 1931 y 2021, haciendo avanzar simultáneamente la historia íntima y la colectiva.
Aquí aparece una de esas ideas visuales que encajan perfectamente con su cine: el propio 8.
Dos círculos unidos por un punto central. Dos recorridos aparentemente independientes que inevitablemente terminan tocándose. Adela por un lado, Octavio por otro. Y alrededor de ambos, las famosas dos Españas.
Es una metáfora evidente, desde luego, pero Medem nunca ha tenido demasiado miedo a las metáforas grandes.
Lo interesante es observar cómo cambia la relación mientras cambia el país. Los personajes envejecen, llegan nuevas generaciones, determinadas heridas parecen enterrarse y otras vuelven a salir cuando menos conviene. La historia sentimental adquiere así una dimensión bastante mayor que la de un romance convencional.
Además, Ana Rujas y Javier Rey sostienen buena parte del invento. Necesitas creer que existe algo entre esas dos personas capaz de sobrevivir al tiempo, a las circunstancias y a todo el equipaje que van acumulando. Si esa conexión no funciona, el edificio entero empieza a tambalearse.
También merece atención el planteamiento formal. Los ocho capítulos están concebidos mediante largos planos en continuidad, una decisión especialmente complicada en una historia que necesita mover personajes, escenarios y emociones dentro de cada bloque. No es simplemente poner una cámara a seguir actores durante unos minutos. Hay coreografía, entradas y salidas, interpretación y movimiento constante.
Ahora bien, tampoco compraría todo lo que propone 8 sin poner alguna pega encima de la mesa.
Medem carga bastante las tintas. Hay ideas políticas e históricas que pueden parecer simplificadas y momentos donde el simbolismo pesa más de la cuenta. De hecho, esa fue una de las cuestiones que más dividió a la crítica durante su estreno: mientras algunas reseñas destacaron la ambición formal y la relación protagonista, otras atacaron duramente su lectura de las dos Españas y el exceso de lirismo.
Para mí, ahí está precisamente la conversación interesante que deja la película. Puede gustarte mucho una escena y discutirle completamente la siguiente. Prefiero eso a terminar los títulos de crédito sin tener absolutamente nada que comentar.
¿Por qué tienes que ver esta película?
Si tienes cierta debilidad por Julio Medem, la respuesta sale bastante rápido: porque aquí están muchas de sus obsesiones habituales.
Está el azar. Está el amor atravesado por el tiempo. Está la simbología. Está la tragedia. Están los cuerpos y las miradas. Está esa sensación de que los personajes viven dentro de algo que empezó mucho antes que ellos y probablemente continuará cuando ya no estén.
Quien disfrutase especialmente del Medem de Vacas, Tierra, Los amantes del círculo polar o Lucía y el sexo reconocerá enseguida algunas de esas inquietudes, aunque 8 pertenece claramente a otra etapa de su filmografía.
También me parece una película interesante si disfrutas con propuestas españolas que intentan jugar formalmente. Los ocho bloques construidos alrededor de planos largos tienen suficiente personalidad como para justificar la curiosidad. No todos funcionan con la misma intensidad, pero hay una voluntad clara de hacer algo visualmente elaborado.
Y después está Ana Rujas.
Tiene una presencia estupenda y encaja muy bien en un universo donde una mirada puede tener tanta importancia como una frase. Javier Rey funciona igualmente bien como contrapunto, y entre los dos cargan con una película que les pide recorrer prácticamente una vida entera.
Eso sí: conviene entrar sabiendo dónde nos metemos.
8 dura algo más de dos horas y no tiene miedo al melodrama. Si uno busca contención absoluta, seguramente algunas decisiones le van a chirriar. Medem quiere emoción, quiere símbolos y quiere hablar de asuntos enormes. A veces acierta y otras veces se le ve demasiado la intención, pero la película tiene personalidad.
Y a estas alturas, encontrar una producción española de este tamaño con una voz autoral tan reconocible ya me parece motivo suficiente para acercarse a ella y sacar después nuestras propias conclusiones.
La edición física
La edición de 8 en Blu-ray en España llega de la mano de Resen, presentada en el clásico Amaray azul.
A continuación puedes ver un reportaje fotográfico de la edición.










Ficha técnica de la edición
| Estudios | Morena Films |
| Distribuidora | Resen |
| Formato | Blu-ray |
| Número de discos | 1 |
| Packaging | Amaray |
| Imagen | 2.35:1 (16/9) |
| Audio |
Castellano (DTS-HD Master Audio 2.0) Castellano (DTS-HD Master Audio 5.1) |
| Subtítulos | Castellano para sordos, Inglés |
Contenido extra
La edición incluye los siguientes contenidos adicionales:
- Spots
- Making Of
El making of es, de entrada, el añadido que más me interesa en una película como esta. 8 tiene una construcción visual lo bastante particular como para que apetezca asomarse detrás de las cámaras. Cuando tienes una película estructurada alrededor de ocho grandes planos en continuidad, conocer algo del proceso siempre tiene más gracia que limitarse a una colección de piezas promocionales.
Conclusiones
8 supone un regreso muy reconocible de Julio Medem a sus obsesiones. Después de tantos años siguiendo su cine, resulta difícil encontrarse aquí con determinados encuadres, casualidades y cruces sentimentales sin pensar inmediatamente: sí, esto es Medem.
Y eso tiene sus ventajas y sus inconvenientes.
Me interesa mucho su ambición. Noventa años, ocho momentos, dos protagonistas y la historia reciente de España pasando por detrás no son precisamente ingredientes para hacer una película cómoda. Hay riesgo formal y narrativo, y también una voluntad bastante evidente de utilizar una historia de amor para hablar de algo mucho más amplio.
A cambio, la película puede resultar demasiado enfática. Medem quiere que sus símbolos se entiendan, que las conexiones se vean y que el espectador perciba el peso histórico de lo que está contando. En algunos momentos funciona estupendamente; en otros habría agradecido algo más de sutileza.
Pero 8 tiene algo que valoro bastante: da para hablar después de verla.
Se puede discutir su visión histórica, su romanticismo, algunas decisiones de guion o hasta qué punto funciona la metáfora de esas dos Españas condenadas a encontrarse. Precisamente por eso me parece más interesante acercarse a ella que quedarse simplemente con las opiniones bastante divididas que acompañaron su estreno.
Respecto al Blu-ray, estamos ante una edición funcional y sencilla. Un disco, Amaray, dos pistas DTS-HD Master Audio en castellano —2.0 y 5.1—, subtítulos en castellano para sordos e inglés y un pequeño apartado de extras compuesto por spots y making of.
Pero si quieres tener 8 en formato físico y añadir la última etapa cinematográfica de Julio Medem a tu colección, tienes aquí una edición directa y al grano.
Y personalmente me alegra que películas españolas contemporáneas como esta sigan encontrando hueco entre los estrenos en Blu-ray. Con sus luces y sus sombras, 8 es una película con personalidad, ambición y suficientes cosas que discutir como para merecer una segunda visita.
Y para eso, qué quieres que te diga, tener el disco en la colección sigue teniendo su punto.
Ficha de la edición




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