Un homenaje hecho para sentir, no para juzgar
Hablar de Michael no es fácil, y menos en mi caso.
Porque aquí no estoy delante de “otra peli más”, estoy delante de alguien que lleva conmigo desde que era un crío. Michael Jackson no es solo música, es parte de mi vida.
Así que sí, voy avisando: esto no es una crítica fría, ni distante, ni objetiva.
Es lo que me ha hecho sentir.
Y con eso claro… te digo que la he disfrutado.
No es la peli que muchos esperaban
Aquí ha habido mucho ruido, mucha polémica, mucha crítica tirando a degüello… y sinceramente, creo que hay bastante gente que ha entrado a verla esperando algo que la peli nunca ha querido ser.
Esto no es una disección incómoda del personaje. No es una película que vaya a escarbar en lo más turbio ni a remover todo lo que rodea su figura. Ni lo intenta. Ni le interesa.
Desde el minuto uno se nota que esto va por otro camino.
Es una peli que tira más hacia el homenaje, hacia el recuerdo, hacia el “vamos a enseñarte por qué este tío fue único”. Muy en la línea de Bohemian Rhapsody, para que nos entendamos.
¿Es más superficial de lo que podría haber sido? Sí.
¿Es algo que me haya molestado especialmente? Pues la verdad… no.
Porque yo entré sabiendo lo que iba a ver. Y la peli cumple con eso.

Cuando suena la música… ahí ya me tiene ganado
Hay momentos en los que directamente te olvidas de todo lo demás. Y eso pasa cuando la peli se pone en “modo espectáculo”.
Las recreaciones de momentos míticos, los ensayos, los conciertos… todo eso está muy bien llevado. Pero es que además hay un detalle que me parece clave: el sonido es una barbaridad.
De verdad, esto hay que verlo en cine. Cuando la música entra, cuando empiezan a caer los temazos… es imposible no venirse arriba. Y hay pequeños momentos en estudio, con la voz más limpia, más desnuda… que son oro puro. Ahí es donde te recuerdan por qué este tío jugaba en otra liga.
Y yo, que he crecido con esto… pues imagínate. Había escenas en las que estaba más pendiente de disfrutar que de otra cosa.
Luces y sombras (porque no todo es perfecto)
También te digo: la peli no es redonda. Ni mucho menos.
Jaafar Jackson físicamente es un calco, eso es innegable. Hay planos que te dejan loco de lo mucho que se parece. Pero luego interpretativamente va un poco a tirones. Hay partes donde lo ves más cómodo y otras donde se nota que le cuesta.
Eso sí, el niño que hace de Michael de pequeño (Juliano Baldi) es una locura. De esos que dices: ojo aquí, porque se come la pantalla sin despeinarse.
Y luego está Colman Domingo como el padre… y ahí sí que hay tensión. Sin hacer una caricatura, deja claro el peso que tuvo esa figura en su vida. No hace falta que te lo subrayen mucho más.
El mayor “pero” de la peli ya lo sabes: esa capa de suavizado constante. Todo está contado desde una perspectiva bastante amable. No molesta, pero sí deja la sensación de que podría haber ido un paso más allá.
Conclusión: yo salí contento, y con eso me vale
Mira, al final esto va de sensaciones. Y yo salí del cine con buenas sensaciones. No con la sensación de haber visto una obra maestra, pero sí con la de haber pasado un buen rato recordando por qué admiro tanto a este artista.
No me ha descubierto nada nuevo.
No me ha removido por dentro.
Pero me ha hecho disfrutar. Y siendo quien es el protagonista… eso ya es mucho.
Entiendo perfectamente que haya gente a la que no le funcione. De verdad. Pero también creo que si entras en su juego, si aceptas lo que te quiere contar y cómo te lo quiere contar… es una peli que se deja ver y se disfruta bastante.
Yo, como fan, no puedo evitarlo: me ha tocado la patata.
Nota: 7.5/10


