Una hija en Tokio: análisis de la película y review de la edición DVD
Nueve años buscando a su hija y, cuando por fin la encuentra, ella no le reconoce. Descubre Una hija en Tokio, el emocionante drama de Guillaume Senez con Romain Duris, y la edición española en DVD de A Contracorriente Films.
Hay una idea en Una hija en Tokio que me parece demoledora desde el instante en que conoces su punto de partida: un padre lleva años buscando a su hija y, cuando por fin la tiene delante, ella no sabe quién es. Guillaume Senez podría haber utilizado algo así para apretar todos los botones del melodrama, sacar el violín y ponerse a repartir golpes emocionales. Por suerte, va por otro camino.
Una hija en Tokio está dirigida por Guillaume Senez, que además firma el guion junto a Jean Denizot. Romain Duris encabeza el reparto acompañado por Judith Chemla y Mei Cirne-Masuki. Senez y Duris ya habían trabajado juntos en Nuestras pequeñas batallas, y aquí vuelven a meterse de lleno en las complicaciones de la paternidad, aunque desde un lugar bastante más doloroso.
Jay es un francés que trabaja como taxista en Tokio. Lleva nueve años separado de su hija Lily, sin haber podido obtener su custodia, y prácticamente ha convertido su vida en una búsqueda permanente. Recorre la ciudad al volante con la esperanza de encontrarla hasta que, agotado y dispuesto a regresar a Francia, sucede lo improbable: Lily entra en su taxi. El problema es que ella no le reconoce.
Y ahí está el gancho. Uno muy bueno, además.
Porque Senez juega con algo bastante más complicado que el simple reencuentro. Jay reconoce inmediatamente a su hija, pero para Lily el hombre que tiene delante es un completo desconocido. Él tiene nueve años de ausencia acumulados; ella tiene nueve años de vida en los que su padre prácticamente no existe. Ese desequilibrio convierte cada acercamiento en algo delicado.
La película dura alrededor de 98 minutos y sabe contenerse. No necesita convertir cada conversación en una revelación ni subrayar constantemente cómo debemos sentirnos. Buena parte de su fuerza está precisamente en mirar a sus personajes y dejar que sean los pequeños gestos los que vayan haciendo el trabajo.
Personalmente, Romain Duris creo que es uno de esos actores capaces de sostener una película mientras aparentemente están haciendo muy poco. En esta película necesita transmitir frustración, cariño, cansancio, esperanza y una barbaridad de dolor contenido, pero sin convertir a Jay en un personaje diseñado para pedir compasión al espectador.
Duris consigue que entendamos al hombre incluso cuando no tenemos por qué justificar todas sus decisiones.

Nueve años caben dentro de un taxi
Tokio tiene una presencia curiosa en la película. No funciona únicamente como ese escenario enorme, luminoso y reconocible que tantas veces hemos visto en el cine. Para Jay se ha convertido casi en un laberinto.
Conduce.
Observa.
Busca.
La propia profesión del protagonista es perfecta para contar esta historia. Un taxista está continuamente encontrándose con desconocidos, compartiendo durante unos minutos un espacio muy reducido con ellos y dejándolos marchar después. Y precisamente la persona que Jay lleva años intentando encontrar termina sentándose detrás de él como una pasajera cualquiera.
Me gusta mucho esa ironía.
También me interesa que la película no reduzca el conflicto a encontrar un culpable fácil. La situación familiar de Jay es complicada, está atravesada por diferencias culturales y por unas heridas que vienen de lejos. Senez prefiere trabajar desde las consecuencias emocionales antes que convertir la historia en un juicio donde nosotros tengamos que decidir quién tiene razón.
Y esto beneficia muchísimo a la relación entre Jay y Lily.
Porque el padre tiene que enfrentarse a una realidad bastante cruel: encontrar a su hija no significa recuperar automáticamente su condición de padre. El vínculo biológico está ahí, pero el vínculo emocional necesita otra cosa. Tiempo, recuerdos compartidos, confianza, presencia… justo aquello que esos nueve años han ido borrando.
Hay momentos en los que Una hija en Tokio podría haber tirado por el camino facilón. Lo tenía «a huevo». Sin embargo, Senez mantiene bastante bien la compostura y deja respirar las escenas. La emoción llega con más fuerza precisamente porque no parece estar pidiendo permiso para entrar.
Romain Duris es fundamental para que funcione. Jay vive permanentemente entre la necesidad de acercarse a Lily y el miedo a romper ese pequeño milagro que acaba de producirse. Hay una tensión muy humana ahí: ¿cuánto puedes acercarte a alguien que amas cuando para esa persona tú eres un extraño?
Ese conflicto sostiene buena parte de la película.
Y alrededor está Tokio, enorme, llena de gente, funcionando casi como recordatorio constante de lo fácil que resulta perder a alguien entre millones de personas.
¿Por qué tienes que ver Una hija en Tokio?
Yo empezaría por una razón bastante sencilla: porque tiene una premisa estupenda y sabe qué hacer con ella.
Lo del padre que encuentra accidentalmente a su hija después de nueve años podría haber terminado convertido en un dramón lacrimógeno bastante convencional. Aquí tenemos emoción, claro que la hay, pero está trabajada con bastante más tacto.
Si te gustan los dramas familiares que se toman su tiempo con los personajes, creo que vas a entrar muy bien en ella. Y si eres de los que sales corriendo cuando alguien define una película como «drama intimista», tampoco descartaría esta tan rápido. La situación de partida genera suficiente tensión por sí misma para mantener el interés.
Además, está Romain Duris en uno de esos papeles construidos a base de miradas, silencios y pequeños cambios de expresión. Su interpretación es uno de los principales motivos para acercarse a la película. No necesita grandes discursos para explicar cómo está Jay; normalmente basta con verle la cara.
También me gusta que Una hija en Tokio hable de la paternidad desde un ángulo poco cómodo. Aquí querer a un hijo no garantiza absolutamente nada. Puedes querer muchísimo a alguien y haber quedado fuera de su vida. Puedes seguir considerándote su padre y descubrir que, desde el otro lado, eres prácticamente un desconocido.
Eso duele.
Y Senez sabe aprovechar ese dolor sin machacar al espectador.
La película fue seleccionada en la sección oficial del Festival de Sevilla de 2024, donde compitió por el Giraldillo de Oro. Es de esas propuestas europeas relativamente pequeñas que pueden pasar por debajo del radar entre estrenos mucho más ruidosos y que, precisamente por eso, agradezco que sigan encontrando hueco en formato físico.
Porque sí: tener películas así editadas en disco sigue importando.
La edición física
A Contracorriente Films trae Una hija en Tokio en DVD al mercado doméstico mediante una edición de un disco presentada en estuche Amaray.
A continuación puedes ver el reportaje fotográfico de la edición.





Ficha técnica de la edición
| Distribuidora | A Contracorriente Films |
| Formato | DVD |
| Número de discos | 1 |
| Packaging | Amaray |
| Imagen | 2.39:1 (16/9) |
| Audio |
Audiodescripción en Castellano (Dolby Digital 5.1) Castellano (Dolby Digital 5.1) Catalán (Dolby Digital 5.1) V.O. Francés/Japonés (Dolby Digital 5.1) |
| Subtítulos | Castellano, Castellano para sordos, Catalán |
Contenido extra
El DVD no llega cargado hasta los topes, pero hay una pieza que destaca claramente sobre el resto: la entrevista con Guillaume Senez, de casi media hora. Para una película de estas características me parece bastante más interesante disponer de una conversación larga con su director que acumular pequeñas piezas promocionales de dos o tres minutos.
El contenido incluido en el disco es:
- TV Spot (30″)
- Tráiler (1'25")
- Entrevista a Guillaume Senez (29'38")
- Ficha artística
- Ficha técnica
- Otros títulos (3 tráilers)
En total, el material adicional ronda los 32 minutos sin contar las fichas y los tráilers de otros títulos. La entrevista se lleva prácticamente todo el peso y es, claramente, el extra con verdadero interés cinéfilo de la edición.
Conclusiones
Una hija en Tokio me parece una película especialmente recomendable para disfrutar con un drama familiar contenido, de personajes antes que de grandes acontecimientos y de historias capaces de emocionar sin perseguirte con un cartel de «ahora toca llorar».
Guillaume Senez tiene entre manos una premisa potentísima y entiende que lo más interesante está en sus consecuencias. El encuentro entre Jay y Lily podría ser el final de otra película; aquí prácticamente es el principio de lo verdaderamente complicado.
Porque encontrarse es fácil comparado con reconstruir nueve años.
Romain Duris lleva muchísimo peso sobre los hombros y responde de maravilla. Su interpretación hace creíble ese estado permanente de un hombre que está a centímetros de conseguir aquello que llevaba años buscando y, al mismo tiempo, puede volver a perderlo en cualquier instante.
En cuanto a la edición física, estamos ante un DVD sencillo que se ve muy pero que muy bien bien. Un disco, estuche Amaray, imagen 2.39:1, pistas (castellano, catalán y VO) en Dolby Digital 5.1, subtítulos en castellano y catalán y algo más de media hora de contenidos adicionales, con la entrevista a Guillaume Senez como plato fuerte.
Así que mi valoración queda bastante clara: la película merece mucho la pena y el DVD cumple como edición de catálogo. Aquí la compra se sostiene fundamentalmente por la película, con el añadido agradable de esa entrevista de casi treinta minutos.
Si te interesa el cine europeo contemporáneo, Romain Duris o los dramas familiares que prefieren hablar bajito y dejar que seas tú quien complete emocionalmente las escenas, yo le daría una oportunidad.
Y después de verla, seguramente ese taxi recorriendo Tokio se quede dando alguna vuelta más por vuestra cabeza.


Comentarios