Si no eres el primero, eres el último
Con Pasado de vueltas vuelvo a Ricky Bobby, a Cal Naughton Jr., a Jean Girard y a toda esta panda de descerebrados y sigo encontrando una comedia tan idiota como consciente de su propia idiotez. Y lo digo como un cumplido enorme.
Estrenada en 2006 y titulada originalmente Talladega Nights: The Ballad of Ricky Bobby, fue el segundo largometraje dirigido por Adam McKay después de El reportero: La leyenda de Ron Burgundy.
McKay escribió el guion junto a Will Ferrell y reunió un reparto de esos que hoy, visto con perspectiva, impresiona bastante: Ferrell, John C. Reilly, Sacha Baron Cohen, Gary Cole, Michael Clarke Duncan, Leslie Bibb, Jane Lynch y Amy Adams, entre otros.
El punto de partida tampoco necesita demasiadas vueltas.
Ricky Bobby es una superestrella de la NASCAR, un tipo cuya existencia gira alrededor de ganar carreras, vivir a lo grande y mantener intacta una filosofía vital bastante sencilla: quedar segundo equivale prácticamente a ser el último. Su compañero y amigo Cal Naughton Jr. acepta encantado vivir a su sombra hasta que aparece Jean Girard, un piloto francés de Fórmula 1 interpretado por Sacha Baron Cohen, dispuesto a poner patas arriba el pequeño imperio de Ricky.
A partir de ahí, Adam McKay y Will Ferrell hacen lo que mejor sabían hacer durante aquella etapa: coger un universo tremendamente serio consigo mismo y convertirlo en un patio de recreo para el absurdo.
Y veinte años después, aquí tenemos a Ricky Bobby dando el salto al 4K Ultra HD en España con una edición limitada de Pasado de vueltas en Steelbook distribuida por Arvi Licensing, con tres discos, los dos montajes de la película y una buena colección de extras.
Para quienes llevábamos años queriendo tener Pasado de vueltas bien aparcada en la colección, la propuesta tiene bastante más gracia que una simple reedición con caja bonita.

América, NASCAR y gente haciendo el imbécil a 300 km/h
Una de las cosas que más me gustan de Pasado de vueltas es que el mundo de la NASCAR le sirve a McKay para exagerar una determinada idea de Estados Unidos hasta llevarla al esperpento.
Ricky Bobby tiene dinero, una casa enorme, coches, patrocinadores hasta en la sopa y una familia absolutamente incapaz de mantener una conversación normal durante una cena. Todo gira alrededor del éxito, la competición y la necesidad permanente de demostrar quién la tiene más grande. La copa, digo.
La gracia está en que Ferrell interpreta a Ricky con una convicción absoluta. Nunca parece estar haciendo un guiño al espectador para decirle que entiende el chiste. Ricky Bobby cree en Ricky Bobby con una intensidad casi religiosa, y ahí está buena parte de la magia.
La escena de la oración durante la cena sigue siendo un ejemplo perfecto. Ese Jesucristo bebé que Ricky ha decidido adoptar como su versión personal y preferida del hijo de Dios resume estupendamente la película: cada personaje entra en la conversación con una estupidez mayor que el anterior y nadie parece dispuesto a abandonar la trinchera.
Con John C. Reilly ocurre algo parecido. Su Cal Naughton Jr. podría haberse quedado en simple secundario, pero la química que tiene con Ferrell convierte su amistad en uno de los motores de la película. Los dos juntos transmiten esa sensación maravillosa de estar viendo a dos adultos con el cerebro de dos chavales de doce años que han conseguido dinero, coches de competición y permiso para hacer barbaridades.
Y entonces entra Sacha Baron Cohen.
Su Jean Girard es el rival perfecto precisamente porque la película renuncia a cualquier intento de construir un antagonista mínimamente normal. Francés, sofisticado, arrogante, absurdo y deliberadamente pasado de rosca, Girard funciona como el espejo que Ricky necesita para descubrir que quizá su filosofía vital tiene algún agujero.
O bastantes.
El reparto que rodea al trío principal ayuda muchísimo. Gary Cole roba escenas como Reese Bobby cada vez que abre la boca; Jane Lynch tiene ese punto de mala leche; Michael Clarke Duncan aprovecha el contraste entre su imponente presencia y el disparate general; Leslie Bibb se entrega completamente al juego y Amy Adams ya dejaba claro aquí que podía sobrevivir perfectamente en mitad del caos.
También me gusta que McKay ruede las carreras con suficiente energía para que el envoltorio deportivo funcione. La NASCAR no está simplemente pintada en el fondo. Los circuitos, el público, los patrocinadores y toda esa cultura de competición proporcionan a la película una identidad visual muy reconocible.
Claro que no todos los chistes aterrizan igual.
Pasado de vueltas pertenece de lleno a la comedia norteamericana de mediados de los 2000, con improvisaciones largas, humor escatológico, personajes gritándose barbaridades y escenas que parecen dispuestas a estirarse hasta encontrar el remate. Si uno no entra en la frecuencia Ferrell-McKay, puede hacerse cuesta arriba. Pero cuando entras, hay diálogos y situaciones que se quedan pegados durante años.
¿Por qué tienes que ver Pasado de vueltas?
Porque todavía sabe cómo hacer el cafre.
Yo te recomendaría Pasado de vueltas especialmente si echas de menos aquella época en la que una comedia de estudio podía reunir un reparto enorme, gastarse un buen dinero y lanzarse de cabeza a una premisa completamente absurda.
Will Ferrell está en uno de esos papeles diseñados exactamente para sus virtudes: arrogancia infantil, seguridad completamente injustificada, capacidad para convertir una frase ridícula en un mantra y esa facilidad suya para llevar una situación normal hasta un terreno surrealista sin cambiar apenas la expresión.
Además, la pareja Ferrell-Reilly funciona de maravilla. Si disfrutaste con Hermanos por pelotas, El reportero o incluso Los otros dos, aquí encontrarás buena parte del ADN de aquella etapa de la comedia de Adam McKay. De hecho, Pasado de vueltas llegó justo después de Anchorman y antes de que McKay y Ferrell siguieran desarrollando juntos esa clase de humor en sus siguientes colaboraciones.
También tiene un puntito de cápsula temporal que me encanta. Los patrocinadores omnipresentes, la estética NASCAR, el exceso visual, la música, el humor de mediados de los 2000… verla hoy tiene algo de viaje instantáneo a una época muy concreta.
Y claro, por Jean Girard. Sacha Baron Cohen se mete en una película que ya estaba completamente desmadrada y decide, básicamente, desmadrarla un poquito más. Bendito sea.
¿Es una comedia fina? Ni por asomo.
Cuando Pasado de vueltas acierta, lo hace a base de personajes convencidísimos de sus propias estupideces. A mí ese tipo de humor me sigue fascinando como el primer día.
La edición física
Para celebrar su 20º aniversario, la película llega en España en una edición limitada Steelbook con 4K Ultra HD y Blu-ray, distribuida por Arvi Licensing bajo el paraguas de Sony Pictures.
La edición incluye tres discos y, detalle importante, permite conservar tanto el montaje cinematográfico de 108 minutos como el montaje extendido de 121 minutos. El UHD incluye ambos montajes, mientras que los dos Blu-ray se reparten las versiones cinematográfica y extendida.
A continuación puedes ver el reportaje fotográfico completo de la edición.











Ficha técnica de la edición
| Estudios | Sony Pictures |
| Distribuidora | Arvi Licensing |
| Formato | 4K Ultra HD + Blu-ray |
| Número de discos | 3 |
| Packaging | Steelbook, Edición Limitada |
| Imagen | 2.40:1 (16/9) |
| HDR | HDR10 + Dolby Vision |
| Audio |
Alemán (DTS-HD Master Audio 5.1) Castellano (DTS-HD Master Audio 5.1) Inglés (Dolby Atmos 7.1) Inglés (DTS-HD Master Audio 5.1) Italiano (Dolby Digital 5.1) |
| Subtítulos | Alemán, Castellano, Español Latino, Francés, Inglés, Inglés para sordos, Italiano, Portugués |
Contenido extra
Aquí sí han cargado bien el depósito.
La edición viene bastante bien acompañada y, sobre todo, tiene una ventaja que para mí pesa mucho: conserva los dos montajes de la película.
El disco 4K Ultra HD incluye tanto el montaje cinematográfico, de 108 minutos, como el extendido, de 121 minutos. Después tenemos dos Blu-ray independientes: uno dedicado al montaje cinematográfico y otro al extendido.
- Comentario con el director y el reparto para el montaje cinematográfico.
- Audiocomentario con el director y amigos para el montaje extendido.
- Videodiarios de Adam.
- Tomas alternativas.
- Tomas alternativas 2.0.
- Tomas falsas.
- Escenas eliminadas y extendidas.
- Anuncios de Ricky y Cal.
- Anuncios de servicios públicos de Ricky y Cal.
- Walker y el guardabosques de Texas.
- Will Ferrell vuelve a Pasado de vueltas.
- Tomas sin editar.
- Audiciones.
- Entrevistas.
- Tráilers.
Aquí hay bastante donde rascar, especialmente porque el tipo de comedia de McKay y Ferrell se presta muchísimo al material descartado y las tomas alternativas. Muchas escenas nacían precisamente de probar variaciones, estirar diálogos y dejar que los actores buscasen remates diferentes, algo que la propia recepción crítica de la película ya destacó en su momento al hablar del peso de la improvisación en su humor.
Por eso me interesan especialmente las tomas alternativas, las escenas eliminadas, el material sin editar y las audiciones. En una película así, ver otra versión de un gag puede ser bastante más divertido que el típico documental promocional de diez minutos en el que todo el mundo cuenta lo maravilloso que fue trabajar con todo el mundo.
El apartado de extras está a la altura de una edición de aniversario.
Conclusiones
Pasado de vueltas sigue pareciéndome una de esas comedias que representan perfectamente una época. Tiene todos los excesos del cine de Will Ferrell de aquellos años, para bien y para mal, y tampoco intenta disimularlos.
Es ruidosa, exagerada, bastante estúpida cuando quiere y capaz de construir un gag alrededor de una conversación que cualquier persona sensata habría terminado varios minutos antes. Precisamente ahí encuentro buena parte de su encanto.
Pero debajo del cachondeo hay más mala leche de la que parece. Adam McKay utiliza a Ricky Bobby para reírse de la obsesión por ganar, del culto al éxito, de la publicidad metida absolutamente en todas partes y de una masculinidad competitiva en la que dos amigos pueden quererse muchísimo mientras necesitan demostrar constantemente cuál de los dos manda.
Will Ferrell y John C. Reilly juntos justifican buena parte de la película, Sacha Baron Cohen entra como un misil desde otra comedia todavía más absurda y secundarios como Gary Cole, Jane Lynch, Leslie Bibb, Michael Clarke Duncan y Amy Adams hacen que incluso las escenas pequeñas tengan algún detalle memorable. El reparto principal acreditado confirma hasta qué punto McKay tenía aquí un banquillo de lujo.
Respecto a esta edición, me parece especialmente atractiva por la combinación de Steelbook + UHD + dos Blu-ray + ambos montajes. Tener el cinematográfico y el extendido dentro del mismo lanzamiento es exactamente lo que uno pide en este tipo de edicines.
Los extras acompañan bien y la presencia de Dolby Vision, HDR10 y Dolby Atmos para la pista inglesa coloca al disco UHD como el gran reclamo técnico del lanzamiento.
¿Merece la pena?
Si eres fan de la película, sí, claramente.
Si nunca has visto Pasado de vueltas, la recomendación depende mucho de tu tolerancia al Will Ferrell más desatado. Si Anchorman te hizo gracia, si John C. Reilly soltando una barbaridad con absoluta seriedad te gana automáticamente y si tu concepto de sofisticación cinematográfica permite que un piloto corra en calzoncillos convencido de estar ardiendo, puedes entrar sin miedo.
Yo me quedo con Ricky Bobby.
Porque veinte años después sigue sin saber frenar.
Ficha de la edición

Ver todos los datos de Pasado de vueltas – Steelbook (4K UltraHD)









