O entras en su sueño, o sales corriendo
Voy a empezar reconociendo una cosa: entiendo perfectamente a quien vea Resurrection y a los cuarenta minutos esté mirando de reojo cuánto queda. Lo entiendo igual que comprendo a quien salga completamente fascinado, convencido de haber visto una de las películas más estimulantes de los últimos años.
Bi Gan juega precisamente en ese terreno, y aquí se lanza a la piscina con todo.
Resurrection dura 160 minutos.
Sí, dos horas y cuarenta. Y no, precisamente ligerita no es. Estamos ante una película china de 2025 dirigida por Bi Gan, responsable de Kaili Blues y Largo viaje hacia la noche, un cineasta al que le encanta retorcer nuestra percepción del tiempo, jugar con los sueños y convertir la cámara en algo que parece moverse según sus propias reglas.
La película pasó por el Festival de Cannes de 2025, donde recibió el Premio Especial del Jurado, y llega con esa clase de pedigrí festivalero que puede despertar tanto curiosidad como cierto miedo. Porque todos sabemos lo que ocurre algunas veces cuando alguien nos dice que una película de casi tres horas es «una experiencia sensorial». A uno se le puede poner inmediatamente cara de sospecha.
Pues resulta que aquí la expresión encaja bastante bien.
La premisa nos lleva hasta un mundo en el que la humanidad ha perdido la capacidad de soñar. Una mujer descubre a un ser misterioso que todavía conserva esa facultad y consigue meterse en sus sueños. Bi Gan utiliza esa idea como puerta de entrada a un viaje bastante más ambicioso, extraño y libre de lo que podría sugerir la sinopsis.
Y aquí viene la advertencia que creo que hay que hacer antes de sentarse a verla: no esperes una narración convencional que vaya colocando cada pieza en su sitio y termine entregándote las instrucciones de montaje. Resurrection quiere que aceptemos sus cambios, sus símbolos, sus diferentes registros y su lógica onírica. Hay momentos en los que uno puede sentirse completamente atrapado y otros en los que la película parece alejarse y decirte: «búscate la vida».
Personalmente, creo que parte de su encanto está precisamente ahí. También buena parte de lo que puede hacer que alguien la deteste.
Porque Resurrection polariza una barbaridad.
Para algunos espectadores es una experiencia visual extraordinaria; para otros, un ejercicio excesivo, pretencioso y agotador. Después de verla, me cuesta pensar que Bi Gan pretendiese buscar un término medio. Esta película quiere provocar una reacción.
¿Y tú de qúe bando estás?

Déjate llevar, que Bi Gan conduce
Creo que uno de los errores más fáciles de cometer con Resurrection consiste en pasar buena parte del metraje intentando descifrarla como si al final nos fueran a entregar un examen.
¿Qué significa esto? ¿Quién representa aquello? ¿Por qué hemos cambiado ahora de escenario? ¿Esto está ocurriendo realmente? ¿Seguimos dentro del mismo sueño?
Como entremos por ahí, podemos acabar con dolor de cabeza.
A mí me parece bastante más interesante aceptar la película como el enorme sueño cinematográfico que propone Bi Gan. Un sueño puede cambiar de lugar, de época y de tono sin más. Podemos reconocer a alguien que ya hemos visto aunque ahora parezca otra persona. Las imágenes tienen conexiones emocionales que no siempre responden a una lógica narrativa tradicional. Y el tiempo, por supuesto, hace lo que le da la gana.
Ese planteamiento permite a Bi Gan jugar también con la propia historia y las formas del cine. Resurrection va mutando delante de nosotros. Cambia de piel, se acerca a distintos géneros y utiliza cada tramo para construir una experiencia visual diferente. Hay ecos de fantasía, melodrama, misterio, cine negro y ciencia ficción, pero intentar encajarla definitivamente dentro de uno de ellos sería complicarnos la tarde.
Eso sí, visualmente hay momentos tremendos.
Bi Gan tiene una capacidad especial para conseguir que la cámara parezca estar descubriendo el escenario al mismo tiempo que nosotros. Los espacios importan muchísimo, los movimientos son largos y calculados y la sensación de estar recorriendo físicamente un sueño acaba siendo una de las grandes bazas de la película.
Quien conozca Largo viaje hacia la noche sabrá perfectamente hasta dónde puede llegar el director cuando decide alargar una toma y convertirla prácticamente en una atracción cinematográfica. Aquí vuelve a sacar músculo en ese terreno, especialmente cuando la película encara su tramo final y se entrega a uno de esos largos planos secuencia que Bi Gan parece disfrutar diseñando para ponernos a prueba.
¿Es puro virtuosismo? En parte, claro. Y qué demonios, tampoco tengo demasiado problema con ello cuando el resultado tiene semejante potencia visual.
Otra cuestión es que todo ese despliegue consiga mantenernos conectados emocionalmente durante 160 minutos.
Ahí estará seguramente la frontera entre quienes se enamoren de Resurrection y quienes terminen hasta el gorro.
Porque la película exige paciencia. Tiene un ritmo deliberado, hay secuencias que se recrean en la imagen y momentos en los que Bi Gan parece mucho más interesado en una sensación, una textura o una idea que en hacer avanzar la historia. No creo que haya que esconderlo al recomendarla, porque forma parte fundamental de lo que ofrece.
También explica por qué resulta tan difícil hablar de ella sin que aparezcan palabras como «hipnótica», «onírica» o «sensorial». Palabras peligrosas, lo sé. De esas que aparecen en una crítica y pueden provocar que medio público salga corriendo.
Pero aquí toca usarlas.
Resurrection funciona especialmente bien cuando dejamos de pedirle respuestas inmediatas y aceptamos perdernos un poco. Habrá imágenes cuyo significado podremos discutir durante horas y otras que quizá nos entren simplemente por los ojos. Y me gusta que una película todavía pueda provocar esa conversación.
¿Qué narices acabo de ver?
Pues mira, a veces esa pregunta también tiene su gracia.
¿Por qué tienes que ver Resurrection?
La primera razón es muy sencilla: porque Bi Gan intenta hacer algo diferente.
Y eso, en una época en la que uno puede adivinar el siguiente giro de determinadas películas veinte minutos antes de que ocurra, tiene bastante valor. Aquí cuesta anticipar qué aspecto tendrá siquiera la siguiente parte de la película.
También la recomendaría a cualquiera que disfrute especialmente del apartado visual del cine. No me refiero simplemente a encontrar planos bonitos para hacer una captura y ponerla de fondo de escritorio. Bi Gan utiliza la puesta en escena, el movimiento y la duración de los planos para alterar nuestra percepción del espacio y del tiempo. Hay secuencias que prácticamente nos obligan a mirar de otra manera.
Porque todavía queda cine dispuesto a jugársela.
Luego está el componente cinéfilo. Resurrection juega con diferentes formas de hacer y entender el cine, y descubrir cómo va cambiando de registro forma parte de la diversión. Cuanto más dispuesto estés a aceptar el juego, más posibilidades hay de que conectes con ella.
Ahora bien, tampoco voy a venderte humo.
Si necesitáis que una película tenga un ritmo ágil, una historia perfectamente definida y respuestas claras, probablemente Resurrection te haga subirte por las paredes. Y 160 minutos dan para subir, bajar y volver a subir.
Si, en cambio, disfrutas con David Lynch, Wong Kar-wai, Apichatpong Weerasethakul, Tarkovski o con ese tipo de cine que prefiere dejar imágenes dando vueltas en nuestra cabeza antes que explicarnos exactamente qué debemos pensar, yo le daría una oportunidad sin demasiadas dudas. No porque Bi Gan haga exactamente lo mismo que esos directores, sino porque comparte esa confianza en el espectador y en el poder de la imagen.
Y hay otro motivo que me parece incluso más divertido: es una película estupenda para ver con alguien y discutir después.
Me imagino perfectamente una conversación terminando con uno diciendo «es alucinante» y el otro respondiendo «pues yo casi me duermo tres veces».
Los dos podrían tener argumentos.
Eso también es Resurrection.
La edición física
La edición española de Resurrection en Blu-ray llega de la mano de Divisa Films, con Madfer Films como titular de la licencia, en una presentación Blu-ray bastante atractiva para quienes seguimos teniendo esa pequeña enfermedad llamada coleccionismo de cine físico.
A continuación puedes ver el reportaje fotográfico de la edición, con un vistazo al diseño exterior, la funda, la caja, la contraportada y el disco.







Ficha técnica de la edición
| Estudios | Madfer Films |
| Distribuidora | Divisa Films |
| Formato | Blu-ray |
| Número de discos | 1 |
| Packaging | Amaray, Funda |
| Imagen | 2.39:1 (16/9) |
| Audio |
Castellano (DTS-HD Master Audio 2.0) Castellano (DTS-HD Master Audio 5.1) Mandarín (DTS-HD Master Audio 2.0) Mandarín (DTS-HD Master Audio 5.1) |
| Subtítulos | Castellano |
Contenido extra
Aquí sí han hecho los deberes.
Una película como Resurrection agradece especialmente que su edición física venga acompañada de material adicional. Después de 160 minutos dentro de la cabeza de Bi Gan, tener contenido que permita acercarse al proceso creativo y al propio director tiene bastante más interés que cuatro piezas promocionales metidas para rellenar menú.
- Making Of
- Detrás de las cámaras
- La visión de Bi Gan
- Cortometraje A Short Story, de Bi Gan
- Entrevista exclusiva de Cinema Excelsior al director de la película en la Seminci
- Clips promocionales
- Tráiler
- Galería
De todo el contenido, me parece especialmente interesante la inclusión de A Short Story. Tener otro trabajo de Bi Gan dentro del propio disco aporta verdadero valor y permite seguir explorando su forma de entender las imágenes más allá de la película principal.
También encajan perfectamente piezas como La visión de Bi Gan, el making of, el detrás de las cámaras y la entrevista realizada durante la Seminci. Precisamente por lo peculiar que resulta Resurrection, conocer algo más acerca de cómo se construyó y escuchar al director hablar sobre su trabajo puede ayudar a regresar después a la película con otra mirada.
Y esto siempre lo digo: cuando compramos cine físico, agradezco que el disco tenga algo más que la película y un botón de reproducir. Especialmente cuando hablamos de una obra que invita tanto a investigar, interpretar y volver sobre ella.
Conclusiones
Una película que no quiere caerle bien a todo el mundo.
Resurrection es complicada de recomendar porque la misma característica que puede enamorar a un espectador puede espantar al siguiente.
Sus 160 minutos, su ritmo, su narrativa fragmentada, el simbolismo, los cambios de registro y la obsesión visual de Bi Gan forman un paquete que requiere cierta predisposición. Yo no se la pondría un sábado por la noche a cinco amigos sin avisar y esperaría conservar intacto el grupo de WhatsApp al día siguiente.
Pero precisamente ahí reside parte de su personalidad.
Bi Gan ha hecho una película ambiciosísima, visualmente desbordante y completamente convencida de su propia propuesta. Puede pecar de excesiva, puede poner a prueba nuestra paciencia y habrá momentos en los que algunos espectadores desconecten por completo. Negarlo sería hacerle un flaco favor a quien esté pensando en verla.
También tiene imágenes y secuencias capaces de quedarse pegadas a la memoria, una libertad formal poco habitual y esa extraña capacidad para hacernos sentir que estamos recorriendo un lugar que obedece a las reglas de un sueño.
¿Obra maestra?
Eso te lo dejo a ti. Y casi prefiero hacerlo así.
Me parece mucho más divertido recomendar Resurrection como una experiencia cinematográfica que merece ser probada, sabiendo de antemano que existe la posibilidad de salir fascinado o completamente agotado. Lo peor que podríamos hacer sería venderla como algo que no es.
Aquí hay que entrar con tiempo, sin sueño —ironías de la vida—, sin el móvil al lado y con ganas de dejarse llevar.
En cuanto a esta edición española, la combinación de Blu-ray, funda y una selección de extras bastante completa la convierte en una propuesta especialmente interesante si conectas con la película y quieres incorporarla a tu colección. El cortometraje de Bi Gan y los contenidos centrados en el director aportan además ese pequeño empujón que hace que comprarla en físico tenga bastante más sentido.
Y sospecho que Resurrection es además una película que puede crecer con los revisionados. La primera vez estamos demasiado ocupados intentando averiguar dónde demonios nos ha metido Bi Gan. En una segunda vuelta, conociendo ya el camino, quizá podamos fijarnos en otras cosas.
O quizá volvamos a terminar igual de perdidos.
Pero qué quieres que te diga: con una película como esta, perderse forma parte del viaje.
Ficha de la edición










