Connery, Zeta-Jones y un robo con mucho encanto
Tengo bastante debilidad por este tipo de cine de finales de los 90.
Películas de estudio hechas para entretener, con estrellas de verdad en el cartel, localizaciones vistosas, una banda sonora que sabe cuándo apretar y una trama que no tiene ningún reparo en pedirte que desconectes un poco el detector de cosas imposibles.
La Trampa está dirigida por Jon Amiel, y juntó a Sean Connery y Catherine Zeta-Jones en una historia de robos, engaños y dobles intenciones que aprovecha buena parte de su atractivo en enfrentar a dos personajes que se pasan media película intentando descubrir qué demonios está tramando el otro.
Connery interpreta a Robert «Mac» MacDougal, veterano ladrón especializado en piezas de enorme valor, mientras que Zeta-Jones es Gin Baker, investigadora de seguros que se acerca a él después del robo de una valiosa obra de arte.
Hay que decir que La Trampa tiene cosas bastante cogidas con pinzas. Hay momentos en los que conviene no hacerse demasiadas preguntas y dejarse llevar. Pero también tiene ritmo, glamour, escenarios estupendos y, sobre todo, dos protagonistas con una presencia enorme delante de la cámara.
Y mención especial a Sean Connery, que podía entrar en una habitación, mirar a alguien durante cinco segundos y conseguir que la escena pareciese bastante más importante de lo que seguramente ponía en el guion.
Aquí juega continuamente con esa imagen de tipo experimentado que siempre parece saber algo que los demás desconocen. A su lado, Catherine Zeta-Jones estaba en plena explosión internacional y la película aprovecha su carisma y presencia física constantemente.

El verdadero golpe está en la pareja protagonista
Una de las cosas que mejor han envejecido de La Trampa es precisamente aquello sobre lo que descansa casi toda la película: la relación entre Sean Connery y Catherine Zeta-Jones.
El guion va soltando engaños y sospechas para mantenernos jugando continuamente con la pregunta de quién está utilizando a quién. Mac es un ladrón veterano que lleva demasiado tiempo en el negocio como para fiarse de la primera persona que aparece por la puerta. Gin, por su parte, tampoco tarda mucho en demostrar que tiene sus propias cartas guardadas.
Jon Amiel entiende que buena parte del entretenimiento consiste en dejarlos medirse.
Y eso permite que La Trampa funcione incluso cuando su argumento empieza a hacer piruetas bastante generosas. Hay miradas, pequeñas provocaciones y desafíos constantes. Los dos personajes se tantean mientras preparan sus golpes y nosotros sabemos que tarde o temprano alguno va a intentar adelantarse al otro.
También ayuda muchísimo el componente visual.
La película tiene ese glamour del thriller de atracos de gran presupuesto que convierte el robo en espectáculo. Castillos, obras de arte, tecnología, viajes y el inevitable golpe aparentemente imposible. Todo está pensado para que resulte elegante y ligeramente exagerado.
Y claro, es imposible hablar de La Trampa sin acordarse del entrenamiento de Catherine Zeta-Jones sorteando los láseres de seguridad. La escena acabó prácticamente convertida en la imagen promocional de la película. Es puro cine comercial de finales de los noventa: sexy, visual, descarado y diseñado para quedarse grabado en tu memoria.
La segunda gran baza es Sean Connery.
Mac le sienta como un guante porque aprovecha perfectamente su edad. No intenta convertirlo en un héroe de acción de treinta años. Su arma principal es la experiencia, esa sensación permanente de que lleva tantos años robando que ya ha visto todos los trucos posibles.
Y cuando la película avanza hacia su gran golpe final, abraza definitivamente su condición de entretenimiento. Ahí es donde personalmente creo que mejor funciona: cuando deja de preocuparse por parecer demasiado seria y se entrega al juego.
¿Es todo perfectamente creíble? Ni por asomo.
¿Me importa demasiado mientras la estoy viendo? Pues tampoco.
¿Por qué tienes que ver La Trampa?
Porque a veces apetece pasarlo bien y punto.
Yo recomendaría recuperar La Trampa especialmente si echas de menos ese thriller comercial de los 90 que podía reunir a dos estrellas enormes, mandarlas a medio mundo y construir una película entera alrededor de su carisma.
Tiene una duración muy llevadera, varios golpes bien planteados y ese pequeño componente de aventura que hace que la historia vaya cambiando constantemente de escenario. No es una película que necesite media hora explicándote cada movimiento. Presenta a los personajes, coloca las piezas y empieza a jugar.
También me parece una recomendación fácil si eres aficionado al cine de robos. Preparativos, sistemas de seguridad, planes aparentemente imposibles, traiciones, cambios de bando… están prácticamente todos los ingredientes que uno espera encontrar.
Y si eres fan de Sean Connery, hay poco que discutir. Mac es uno de esos personajes construidos alrededor de su presencia, permitiéndole explotar la elegancia, la ironía y ese punto de veterano que parecía estar permanentemente tres pasos por delante del resto.
Catherine Zeta-Jones tampoco se limita a acompañarlo. Gin tiene iniciativa propia y buena parte del juego consiste precisamente en descubrir hasta dónde está dispuesta a llegar.
Además, vista hoy tiene un componente nostálgico bastante potente. Es hija absoluta de 1999, desde su estética hasta determinadas ideas sobre la tecnología y la seguridad. Y personalmente creo que eso le añade encanto.
No hace falta reivindicarla como una joya secreta ni convertirla en algo que nunca pretendió ser. Es un thriller de atracos tremendamente disfrutable, con dos protagonistas en estado de gracia, bastante espectáculo y ganas constantes de entretener.
Para una noche de sofá, luces apagadas y Blu-ray girando, a mí me vale de sobra.
La edición física
Esta reedición de La Trampa en Blu-ray distribuida por Divisa Films llega en una presentación sencilla en caja Amaray.
A continuación puedes ver el reportaje fotográfico de la edición.





Ficha técnica de la edición
| Estudios | 20th Century Fox |
| Distribuidora | Divisa Films |
| Formato | Blu-ray |
| Número de discos | 1 |
| Packaging | Amaray |
| Imagen | 1080p Alta Definición / 2.35:1 / 16:9 |
| Audio |
Castellano (DTS 5.1) Francés (DTS 5.1) Inglés (DTS-HD Master Audio 5.1) |
| Subtítulos | Castellano, Francés, Danés, Noruego, Sueco, Finés, Holandés, Inglés codificado para sordos |
| Contenido adicional |
Audiocomentario de Jon Amiel 4 tráilers |
Contenido extra
Como contenidos adicionales tenemos el audiocomentario del director Jon Amiel y cuatro tráilers.
- Audiocomentario de Jon Amiel
- 4 tráilers
El audiocomentario de Jon Amiel es una pieza muy intersante. En una película de estas características siempre tiene mucho valor disponer de la pista con los comentarios del director.
Conclusiones
Una buena excusa para volver a robar con Connery.
Me alegra ver nuevamente La Trampa disponible en Blu-ray porque pertenece a ese catálogo comercial de finales de los 90 que merece seguir circulando en formato físico.
La película continúa funcionando gracias fundamentalmente a Sean Connery y Catherine Zeta-Jones. El argumento puede resultar inverosímil en bastantes momentos y algunas de sus vueltas de tuerca hay que aceptarlas con alegría, pero el conjunto tiene encanto. Mucho.
Jon Amiel sabe explotar el componente aventurero del relato, las localizaciones dan empaque a la producción y la pareja protagonista consigue mantener el interés incluso cuando uno sospecha que el guion acaba de hacer otra pirueta sin red.
Y hay algo que personalmente valoro cada vez más al recuperar este tipo de títulos: La Trampa sabe perfectamente qué clase de película quiere ser. Quiere entretener. Quiere que disfrutemos viendo cómo preparan un robo imposible. Quiere que dudemos de los personajes. Quiere llevarnos de una localización espectacular a otra. Y quiere que Connery y Zeta-Jones llenen la pantalla.
¿Merece la pena?
Para mí es un SI. El contenido adicional podría haber sido bastante más generoso, pero el disco reúne lo esencial y recupera un título muy representativo del entretenimiento hollywoodiense de su época.
Y además, qué demonios: Sean Connery robando obras de arte mientras Catherine Zeta-Jones atraviesa sistemas de seguridad imposibles sigue siendo un plan estupendo para una noche de cine con palomitas
Ficha de la edición










