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Cine · Coleccionismo · Formato físico

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American Pie en 4K Ultra HD: hormonas, nostalgia noventera y una tarta que hizo historia

Volvemos a 1999, cuando las hormonas estaban por las nubes y una tarta se convirtió en historia del cine. Así es el 4K de American Pie en España: nostalgia y una edición que como fan de la saga querrás tener controlada.

Cinemix

Volver al instituto más de 25 años después

American Pie es uno de esos títulos que, cuando vuelves a ponerlo después de muchos años, trae bastante más equipaje que la propia película. La vi cuando se estrenó, con unos 19 o 20 años, así que puedes imaginar que aquello me pilló en el momento perfecto. Bueno, perfecto o peligrosísimo, según se mire.

Era 1999. No había redes sociales, no vivíamos pegados al móvil, Internet (que estaba en pañales) todavía tenía ese puntito de territorio salvaje y una película sobre cuatro chavales obsesionados con perder la virginidad antes del baile de graduación podía convertirse en tema de conversación durante semanas.

Y vaya si lo hizo.

American Pie, que reunió a Jason Biggs, Chris Klein, Thomas Ian Nicholas, Alyson Hannigan, Shannon Elizabeth, Tara Reid, Seann William Scott, Eddie Kaye Thomas, Eugene Levy, Natasha Lyonne, Mena Suvari y Jennifer Coolidge, entre otros, se estrenó de la mano de Universal en 1999 y aquel grupo de adolescentes acabó poniendo en marcha una franquicia que se extendería durante años.

Vista hoy, inevitablemente hay situaciones y chistes que pertenecen muchísimo a su época. Algunas cosas han envejecido mejor que otras y determinadas escenas se mirarían ahora de una manera bastante diferente. Pero también me he encontrado con algo que quizá tenía menos presente: debajo de toda la guarrería, las hormonas y los chistes sexuales hay bastante cariño por los personajes.

Y sin duda que ahí está buena parte del secreto.

Porque Jim y compañía van desesperados por acostarse con alguien, sí, pero en realidad la película habla constantemente de inseguridad, de hacer el ridículo, de querer gustar, de no tener ni puñetera idea de cómo relacionarte con otra persona y de aparentar ante los colegas que controlas muchísimo más de lo que realmente controlas.

Vamos, la adolescencia pura y dura.

Y no hay que dejar de lado la nostalgia. Para quienes vivimos aquella época, American Pie tiene hoy un efecto curioso. Ves la ropa, las habitaciones, los coches, las fiestas, los institutos americanos de finales de los 90 y casi puedes oler aquellos videoclubs, aquellos CDs grabados y aquellas tardes en las que quedar con los amigos requería organizarse previamente porque no llevábamos un WhatsApp metido en el bolsillo.

Han pasado los años. Nosotros hemos envejecido. Jim y sus amigos también.

La tarta, prefiero no saberlo.

Una comedia guarra que terminó retratando a una generación

La premisa de American Pie es maravillosamente simple: cuatro amigos hacen un pacto para perder la virginidad antes del baile de graduación. A partir de ahí, cada uno inicia su particular estrategia y, naturalmente, casi todo sale regular.

Sobre el papel parece únicamente la excusa perfecta para encadenar burradas sexuales.

Y en buena medida lo es.

Pero Adam Herz tuvo bastante ojo al construir unos personajes que, dentro de la exageración, resultaban reconocibles. El que presume más de la cuenta, el tímido, el romántico, el que piensa que todo puede solucionarse siguiendo algún supuesto manual de seducción… y principalmente Jim, que parece tener un talento sobrenatural para meterse en situaciones capaces de provocar vergüenza ajena a kilómetros de distancia.

Jason Biggs se tira de cabeza a ese tipo de comedia. Para que determinadas escenas funcionen necesitas a un actor dispuesto a perder absolutamente toda la dignidad frente a la cámara, y Biggs acepta el trato desde el primer minuto.

Y como no, tenemos a Stifler.

Seann William Scott convirtió a un secundario pasado de vueltas en uno de los personajes más recordados de la saga. Stifler es insoportable, bruto, bocazas y tiene la sensibilidad de una piedra, pero cada vez que aparece sabes que probablemente alguien terminará metido en un lío.

Y qué decir del padre de Jim.

Eugene Levy es oro puro.

Las conversaciones padre-hijo siguen siendo para mí algunas de las escenas más divertidas de la película. Ese hombre intentando explicar sexualidad a su hijo con toda la buena voluntad del mundo mientras Jim desea evaporarse del planeta funciona porque cualquiera que haya tenido alguna conversación incómoda con sus padres reconoce inmediatamente el terror.

También tenemos a Michelle y su campamento de música, a Nadia, a Finch, a la madre de Stifler…

La película fue acumulando personajes y situaciones que terminaron entrando en la cultura popular de finales de los 90 y primeros 2000. Su éxito dio pie directamente a American Pie 2 y posteriormente a una larga sucesión de continuaciones y derivados.

Lo curioso al revisarla tantos años después es comprobar que la película tiene más corazón del que recordaba.

Kevin y Vicky tienen dudas reales sobre su relación. Oz descubre que quizá escuchar a Heather es bastante más interesante que seguir comportándose como esperan sus amigos. Jim aprende, a base de hostias metafóricas y humillaciones muy poco metafóricas, que las relaciones humanas no funcionan como él imaginaba.

Incluso Finch tiene su pequeño viaje.

Todo está cubierto por toneladas de humor sexual, evidentemente. No vamos ahora a convertir American Pie en Bergman porque tampoco hace falta. Pero detrás de la tarta, las conversaciones sobre sexo y las fiestas adolescentes había una historia sobre ese momento bastante absurdo de la vida en el que quieres comportarte como un adulto sin tener ni idea de qué significa serlo.

Quizá por eso conectó tanto con nosotros.

Yo rondaba los 19 o 20 años cuando la vi y recuerdo perfectamente esa sensación de estar viendo una película hecha para nuestra generación. Teníamos las hormonas a flor de piel, hablábamos muchas veces igual de mal que ellos y probablemente éramos bastante más pardillos de lo que estábamos dispuestos a reconocer.

Ahora la veo desde el otro lado.

Y cuando aparece Eugene Levy intentando aconsejar a Jim casi empiezo (y sin el «casi») a entender al padre.

Eso sí que da miedo.

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¿Por qué tienes que ver American Pie?

Porque algunas comedias también funcionan como una máquina del tiempo

Si nunca has visto American Pie, creo que merece la pena acercarse a ella entendiendo cuándo se rodó y a qué público hablaba.

Estamos ante una comedia adolescente de 1999 que no tiene demasiados complejos. Es bruta, sexual, escatológica cuando le apetece y completamente entregada al ridículo de sus protagonistas. La crítica de su momento estuvo bastante dividida precisamente por ese humor, aunque hubo quien destacó el cariño que escondían sus personajes bajo toda aquella vulgaridad.

Y ahí sigo viendo su principal virtud.

Te puedes reír de Jim sin terminar odiándolo. Puedes pensar que estos chavales son unos auténticos idiotas y, cinco minutos después, sentir cierta ternura por ellos. La película se ríe muchísimo de sus protagonistas, pero también les tiene cariño.

Además, el reparto funciona estupendamente como grupo. Jason Biggs, Alyson Hannigan, Seann William Scott, Eugene Levy y compañía consiguieron que personajes que podían haber sido completamente intercambiables terminaran teniendo personalidad propia.

Luego está el factor generacional.

Si creciste durante los 90, aquí tendrás nostalgia para dar y regalar. Y no hablo solamente de la película. Hablo del ambiente, la música, la estética, esa forma de entender las comedias juveniles y hasta cierta inocencia alrededor de Internet que hoy parece pertenecer a otra civilización.

Para mí, volver a ella ahora tiene muchísimo de reencontrarme con el chaval que la vio cuando tenía 19 o 20 años. Yo ya no me río exactamente de las mismas cosas, pero sigo pasándolo estupendamente con muchas de sus escenas.

Y eso, después de tantos años, tiene mérito.

¿Ha envejecido todo perfectamente? Ni de coña.

Hay comportamientos que hoy resultan bastante más incómodos y momentos que pertenecen claramente a otra sensibilidad. No creo que haya que esconderlo. Forma parte también de volver a ver cine de otra época. Lo interesante es comprobar qué sigue funcionando y por qué.

Y American Pie, para mí, continúa funcionando porque detrás de las barbaridades permanece algo bastante universal: adolescentes muertos de miedo intentando descubrir el sexo, el amor y las relaciones mientras aparentan saber perfectamente lo que hacen.

Pocas cosas hay más adolescentes que eso.

La edición física

Y llegamos a lo nuestro: el formato físico.

Esta edición de American Pie en 4K Ultra HD distribuida por Arvi Licensing, llega en una edición sencilla presentada en estuche Amaray y con un único disco UHD; aquí no tenemos Blu-ray acompañando al 4K.

A continuación puedes ver el reportaje fotográfico de la edición.

Ficha técnica de la edición

4K Ultra HDHDR10Dolby VisionAmaray
EstudiosUniversal Pictures
DistribuidoraArvi Licensing
Formato4K Ultra HD
Número de discos1
PackagingAmaray
Imagen1.85:1 (16/9)
HDRHDR10 + Dolby Vision
Audio Alemán (DTS 5.1)
Castellano (DTS 5.1)
Francés (DTS 2.0)
Inglés (DTS-HD Master Audio 5.1)
SubtítulosAlemán, Castellano, Francés, Inglés para sordos

Contenido extra

Bastante material para seguir en el instituto un rato más.

Aquí tengo que reconocer que el disco viene bastante bien servido de contenidos adicionales, especialmente teniendo en cuenta que estamos ante una edición sencilla de un solo disco.

  • Escenas eliminadas
  • Tomas falsas
  • American Pie al descubierto: La historia completa de las tres comedias
  • Pruebas de casting
  • Localizaciones de rodaje
  • En el set: galería fotográfica comentada por el director y el productor
  • Pósters
  • Tráiler
  • Comentario de la película con el director Paul Weitz, el productor Chris Weitz, el guionista Adam Herz y los actores Jason Biggs, Seann William Scott y Eddie Kaye Thomas

Tenemos material especialmente apetecible para quienes llevamos con la saga desde aquellos años. A mí siempre me gustan las pruebas de casting y las escenas eliminadas en películas de este tipo porque permiten ver cómo se fue formando un reparto cuya química terminó siendo fundamental.

También me parece interesante recuperar el contenido dedicado a las tres primeras comedias. Con la perspectiva que dan los años, estos documentales promocionales antiguos adquieren otro valor. Ya no los ves únicamente como publicidad de una saga de actualidad; ahora son pequeñas cápsulas de una época.

Y el audiocomentario tiene buenos nombres sentados alrededor de la mesa: Paul Weitz, Chris Weitz, Adam Herz, Jason Biggs, Seann William Scott y Eddie Kaye Thomas. Si eres muy fan de la película, aquí tienes otra excusa para volver a verla.

Hay, eso sí, una pega importante para el público español: el contenido adicional está disponible en versión original y cuenta con audio y subtítulos no disponibles en castellano. Conviene saberlo antes de comprarla.

No invalida la cantidad de material que trae el disco, pero evidentemente le resta valor si necesitas subtítulos en nuestro idioma.

Conclusiones

La tarta ha envejecido. Nosotros también.

Volver a American Pie tantos años después ha sido bastante más nostálgico de lo que esperaba.

Podría quedarme únicamente con los momentos míticos, con Stifler, con Michelle, con Nadia, con Finch, con el padre de Jim y, por supuesto, con esa pobre tarta de manzana que jamás pidió formar parte de la historia del cine.

Pero al revisarla ahora me ha llamado más la atención otra cosa.

American Pie capturó muy bien una determinada adolescencia de finales de los 90. Exagerada, americanizada y pasada por el filtro de Hollywood, por supuesto, pero reconocible en muchas de sus inseguridades. El miedo al rechazo, las conversaciones absurdas entre amigos, la obsesión por el sexo, la necesidad de aparentar experiencia y ese convencimiento juvenil de que cualquier pequeño desastre sentimental significa prácticamente el fin del mundo.

Yo la vi de jovencito y me marcó, como creo que ocurrió con buena parte de nuestra generación. Nos reímos muchísimo con ella y repetimos algunas de sus frases hasta quemarlas. Había personajes que inmediatamente pasaban a formar parte de las conversaciones con los colegas.

Más de un cuarto de siglo después la perspectiva es completamente distinta.

Ahora algunas escenas provocan una mezcla de risa, nostalgia y un pequeño «madre mía, esto hoy no lo ruedan así ni locos». Y tampoco pasa nada. Revisar películas antiguas consiste también en encontrarse con esas diferencias.

Lo importante es que sigo viendo una comedia con ritmo, un reparto tremendamente simpático y una colección de personajes que trascendió la propia película. Universal continúa definiéndola oficialmente como una comedia adolescente y mantiene su edición doméstica en 4K Ultra HD, una buena muestra de la vida que sigue teniendo el título tantos años después.

En cuanto a esta edición española, me gusta que podamos tener finalmente American Pie en 4K Ultra HD con HDR10 y Dolby Vision. La presentación es sencilla, eso sí: Amaray, un disco y nada de Blu-ray adicional.

La selección de extras es generosa, pero la ausencia de subtítulos en castellano para esos contenidos adicionales me parece su punto más flojo. Dependiendo del nivel de inglés de cada uno puede ser una molestia menor o una faena considerable.

¿Merece la pena?

Para mí, si creciste con American Pie y quieres tenerla en el mejor formato doméstico disponible en nuestro mercado, sí tiene sentido incorporarla a la colección, especialmente si todavía conservabas una edición antigua en DVD o Blu-ray. Si además la película forma parte de tus recuerdos de juventud, probablemente la compra tenga ese componente emocional que nosotros, los coleccionistas, conocemos demasiado bien.

Porque al final abres la caja, metes el disco, aparece Jim en pantalla y durante hora y media vuelves un poquito a 1999.

Y entonces aparece la tarta.

Y sabes perfectamente lo que viene.

Joder, qué tiempos.

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Ficha de la edición

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