71ª SEMINCI DE VALLADOLID · SECCIÓN OFICIAL · SIN SPOILERS
My Notes on Mars, de Lili Horvát, ha sido la película elegida para inaugurar la 71ª edición de la Seminci de Valladolid, y lo ha hecho con una historia de esas que empiezan sin levantar demasiado entusiasmo, pero que poco a poco consiguen meterte en su juego. Una mezcla de drama sentimental, misterio y ciencia ficción que va ganando interés conforme avanza y que, cuando llegan los títulos de crédito, te deja dándole vueltas a unas cuantas preguntas.
Y eso tiene su parte buena y su parte desesperante.
Reconozco que el comienzo me dejó bastante frío. La película tarda en mostrar sus cartas y durante los primeros compases cuesta encontrar algo que te agarre de verdad. Hay una sensación de distancia con los personajes y con lo que está sucediendo, como si la directora estuviera preparando un terreno que todavía no sabemos muy bien hacia dónde conduce. Tampoco ayuda que el ritmo inicial sea pausado y que la historia se tome su tiempo antes de introducir los elementos que realmente despiertan la curiosidad.
Pero llega un momento en el que algo cambia. Empiezan a suceder cosas, aparecen comportamientos difíciles de explicar y esa aparente tranquilidad se convierte en una incertidumbre cada vez más interesante. Sin darte cuenta, pasas de observar la película con cierta indiferencia a querer saber qué demonios está ocurriendo.
Ahí es donde My Notes on Mars empieza a funcionar de verdad.
Una desaparición, una segunda oportunidad y demasiadas incógnitas
La historia gira alrededor de Margot, una científica interpretada por Mackenzie Davis, que desaparece misteriosamente durante una excursión con su marido, Sam, y unos amigos. Semanas después reaparece de manera inesperada, precisamente el día en que sus seres queridos se reúnen para recordarla.
El problema es que Margot ha cambiado. Apenas recuerda su vida anterior, aunque conserva una extraña conexión con sus investigaciones sobre Marte. Su marido, interpretado por Rupert Friend, encuentra en su regreso una posibilidad de recuperar una relación que atravesaba un momento complicado.
Y hasta aquí conviene contar.
Porque buena parte del atractivo de la película consiste precisamente en ir descubriendo qué hay detrás de esa desaparición y qué significa realmente el regreso de Margot. Horvát utiliza esa situación para construir un relato en el que las certezas escasean y cualquier detalle puede adquirir una importancia inesperada.
Lo interesante es que la historia también plantea una pregunta bastante incómoda: ¿hasta qué punto conocemos de verdad a la persona con la que compartimos nuestra vida?
Sam tiene delante a su mujer, pero hay algo en ella que ya no encaja con sus recuerdos. Y esa situación abre una posibilidad tan atractiva como inquietante: recuperar una relación deteriorada a costa de aceptar que quizá la persona que ha regresado ya no sea exactamente la misma.
La directora encuentra ahí el terreno perfecto para jugar con nuestras expectativas. Y aunque tarda en llegar a lo verdaderamente interesante, cuando lo hace consigue que queramos seguir mirando.

Cuando empiezan a pasar cosas, la película gana muchos enteros
Para mí, el mayor acierto de My Notes on Mars está en cómo consigue despertar la intriga después de un inicio bastante poco estimulante.
Hay películas que necesitan unos minutos para situar sus personajes y establecer las reglas de su universo. Aquí esa preparación se alarga más de lo que me habría gustado. Entiendo que Horvát quiera construir una atmósfera de extrañeza desde lo cotidiano, pero durante un buen rato esa intención se traduce en una narración algo distante.
La buena noticia es que el misterio termina tomando el mando.
Conforme avanza la historia, empiezan a acumularse situaciones que obligan a replantearse lo que estamos viendo. La película introduce dudas sobre Margot, sobre su pasado, sobre lo que recuerda y sobre aquello que parece haber cambiado después de su desaparición.
Y lo hace sin necesidad de recurrir constantemente a grandes golpes de efecto.
La tensión nace sobre todo de no saber qué va a suceder a continuación. Una conversación, una reacción inesperada o una actitud difícil de interpretar bastan para que algo empiece a chirriar. Lo que parecía una historia relativamente sencilla se va volviendo bastante más desconcertante.
Lo curioso es que esa incertidumbre termina jugando a favor de la película incluso cuando no tienes claro hacia dónde pretende llevarte. Una vez que entras en su dinámica, quieres encontrar respuestas. Intentas relacionar las pistas, buscas explicaciones y empiezas a sospechar que detrás de lo que ocurre hay algo que todavía se te escapa.
Ese cambio en mi implicación fue bastante evidente. Al principio estaba esperando que la película arrancase. Más adelante, estaba pendiente de cada nuevo acontecimiento.
No todas las preguntas que plantea resultan igual de interesantes, pero en su conjunto consigue mantener esa sensación de querer descubrir qué sucede realmente. Y eso, en una historia que juega continuamente con la información que nos ofrece, tiene bastante mérito.
Mackenzie Davis y el inquietante arte de no saber qué pensar
Una de las grandes bazas de la película es Mackenzie Davis. Su personaje tiene que sostener buena parte del misterio y lo consigue precisamente porque nunca resulta del todo sencillo interpretar lo que le pasa por la cabeza.
Margot es una figura difícil de descifrar. Hay momentos en los que transmite vulnerabilidad, otros en los que parece emocionalmente desconectada y otros en los que sus comportamientos despiertan nuevas sospechas.
Davis sabe moverse entre esas posibilidades sin convertir al personaje en un misterio demasiado evidente. Su presencia permite que una misma situación pueda interpretarse de distintas maneras, algo fundamental para que la propuesta funcione.
Rupert Friend tiene una tarea diferente, pero igualmente importante. Sam representa esa necesidad de encontrar una explicación y, al mismo tiempo, el deseo de creer que todo puede volver a ser como antes.
Y ahí aparece una de las contradicciones más interesantes del personaje: quizá esté tan desesperado por recuperar a su mujer que termine aceptando cosas que, en otras circunstancias, le resultarían imposibles de ignorar.
La relación entre ambos sostiene la vertiente emocional de la película, incluso cuando las preguntas sobre lo ocurrido empiezan a ocupar el centro de la historia.
Porque hay algo bastante triste en esa segunda oportunidad. Sam puede recuperar la presencia física de Margot, pero reconstruir lo que compartían resulta mucho más complicado. ¿Qué queda de una relación cuando una de las dos personas apenas conserva recuerdos de ella? ¿Se puede empezar desde cero ignorando todo lo que salió mal anteriormente?
Son cuestiones que aportan interés al relato y que ayudan a que el misterio tenga algo más detrás que una simple sucesión de acontecimientos extraños.
Marte está muy lejos, pero los problemas siguen aquí
El título puede hacer pensar en una película de ciencia ficción mucho más evidente de lo que realmente encontramos. Marte tiene una presencia importante a través del trabajo científico de Margot, pero el verdadero centro de la historia está en las personas y en la dificultad de comprenderlas.
Horvát aprovecha esa conexión con el espacio para introducir una sensación de distancia que encaja bastante bien con la relación de sus protagonistas.
Hay algo curioso en dedicar tu vida a estudiar un planeta situado a millones de kilómetros mientras eres incapaz de entender completamente lo que ocurre con alguien que duerme a tu lado.
Esa idea me resulta mucho más interesante que cualquier explicación puramente científica que pudiera ofrecer la película.
También ayuda el tratamiento visual de la historia. La fotografía acompaña esa atmósfera de incertidumbre, con una puesta en escena que busca mantener cierta frialdad y dejar espacio a lo que los personajes no expresan directamente.
El resultado encaja con las intenciones de la directora, aunque también tiene un inconveniente: esa distancia emocional que favorece el misterio contribuye a que el arranque resulte bastante poco cercano.
Es una decisión que tiene sentido dentro de la propuesta, pero comprenderla no significa que necesariamente funcione durante toda la película.
Al fin y al cabo, una cosa es querer desconcertar al espectador y otra conseguir que ese desconcierto resulte interesante desde el primer minuto. My Notes on Mars tarda un poco en encontrar ese equilibrio.
Un final que te deja pensando… y también con ganas de alguna respuesta más
Y llegamos al apartado que más dudas me genera: su desenlace.
Durante buena parte de la película, Horvát se dedica a sembrar interrogantes y alimentar la curiosidad del espectador. El problema aparece cuando llega el momento de recoger todo lo que ha ido planteando.
Porque el final deja demasiadas cosas abiertas.
Entiendo perfectamente la intención de mantener la ambigüedad. De hecho, encaja con una historia que habla constantemente de la imposibilidad de conocer por completo a otra persona y de nuestra necesidad de encontrar explicaciones incluso cuando quizá no las haya.
Pero reconozco que me habría gustado salir con alguna certeza más.
Y aquí hay una diferencia importante entre una película que deja espacio para la interpretación y otra que termina provocando la sensación de que algunas de sus preguntas se han quedado sin desarrollar del todo. My Notes on Mars se mueve en esa frontera, y no siempre consigue convencerme de que todos sus silencios estén suficientemente justificados.
Lo que más me chirría es que la película consigue implicarte en su misterio, despertar tu curiosidad y mantenerte pendiente de lo que va ocurriendo, pero después parece menos interesada en satisfacer esa necesidad de respuestas que ella misma ha creado.
Es una elección legítima, por supuesto. Y seguramente habrá espectadores a los que les entusiasme precisamente esa libertad para construir sus propias teorías.
A mí me deja sensaciones encontradas.
Por una parte, agradezco que la directora confíe en el espectador y evite explicaciones excesivamente evidentes. Por otra, después de haber conseguido engancharme a la historia, habría agradecido algo más de concreción. No necesitaba que me lo diesen todo masticado, pero sí que algunas piezas encajasen con mayor claridad.
Eso sí, también hay que reconocerle algo: consigue que sigas pensando en la película después de terminarla.
Y eso tiene su valor. Aunque parte de ese interés nazca de la frustración de no haber encontrado todas las respuestas que buscabas.
Lili Horvát vuelve a la Seminci con su particular manera de entender el misterio
La presencia de My Notes on Mars en la inauguración de la Seminci de 2026 tiene además un significado especial.
Lili Horvát ya conquistó Valladolid en 2020 con Preparativos para estar juntos un periodo de tiempo desconocido, que se llevó la Espiga de Oro. Seis años después regresa con su tercer largometraje y su primera película rodada en inglés, que tuvo su estreno mundial en las Giornate degli Autori del Festival de Venecia.
Curiosamente, ambas historias comparten ese interés por las relaciones sentimentales atravesadas por la incertidumbre, la percepción de la realidad y las dificultades para comprender los sentimientos ajenos.
En My Notes on Mars, esas inquietudes encuentran un nuevo escenario a través de una desaparición inexplicable y de la posibilidad de reconstruir un matrimonio que parecía condenado al fracaso.
La directora apuesta por una narración que exige paciencia y que prefiere sugerir antes que explicar. Cuando encuentra el ritmo adecuado, esa estrategia funciona y consigue generar una intriga bastante absorbente. Cuando se excede en su empeño por conservar el misterio, la película pierde parte de la fuerza que había conseguido acumular.
Para inaugurar un festival como la Seminci, acostumbrado a propuestas que buscan salirse de los caminos más convencionales, la elección tiene bastante sentido. Es una película que da pie a discutir, a elaborar teorías y a compartir interpretaciones al salir de la sala.
Eso sí, conviene entrar sabiendo que aquí las respuestas no llegan necesariamente al mismo ritmo que las preguntas.
Conclusión
My Notes on Mars me ha dejado una sensación curiosa. Empieza sin demasiado gancho, mejora considerablemente a medida que aparecen los misterios y termina dejándome con más dudas de las que me habría gustado.
Su principal virtud es la capacidad para transformar una historia que inicialmente cuesta arrancar en un relato que consigue mantenerte pendiente de lo que puede suceder. La incertidumbre alrededor de Margot, el desgaste de su matrimonio y las interpretaciones de Mackenzie Davis y Rupert Friend hacen que poco a poco entremos en una propuesta bastante más interesante de lo que parecía durante sus primeros minutos.
Pero también tiene sus problemas. El comienzo resulta demasiado frío y el desenlace apuesta por una ambigüedad que, aunque coherente con las intenciones de la directora, puede dejar un regusto de insatisfacción.
Me parece una película interesante, con ideas sugerentes y suficiente misterio para mantener la atención una vez que consigue atraparte. Eso sí, no he terminado de comprar su manera de cerrar la historia.
La recomendaría especialmente a quienes disfrutan con los dramas psicológicos, las historias de ciencia ficción alejadas del espectáculo y los relatos que prefieren alimentar las dudas antes que despejarlas.
Una inauguración interesante para la Seminci 2026, aunque algo irregular. De esas películas que empiezas viendo sin demasiado entusiasmo, acabas siguiendo con bastante curiosidad y después comentas intentando poner orden en todo lo que has visto.
Porque Marte seguirá estando a millones de kilómetros, pero algunas de las mayores incógnitas de esta película están mucho más cerca. Y unas cuantas se quedan dando vueltas en la cabeza cuando se encienden las luces de la sala.

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