Trece campanadas en Blu-ray: terror gallego, Santiago bajo la lluvia y una edición que recupera una pequeña rareza
Santiago de Compostela, fantasmas, esculturas, Juan Diego Botto y un inquietante Luis Tosar. Trece campanadas llega en Blu-ray con una edición cargada de extras. Volvemos a escuchar esas trece campanadas más de veinte años después.
Tengo cierta debilidad por recuperar películas españolas que se quedaron en una especie de tierra de nadie. Títulos que en su momento tuvieron estreno comercial, caras conocidas, una producción bastante seria detrás y hasta cierto ruido, pero que con el paso de los años fueron desapareciendo de la conversación.
Y al hilo de esto, hoy toca hablar de Trece campanadas.
Dirigida por Xavier Villaverde, la película llegó a los cines españoles el 22 de noviembre de 2002 y nació como una coproducción entre España y Portugal. Al frente del reparto tenemos a Juan Diego Botto, Luis Tosar, Marta Etura, Elvira Mínguez y Rosa Álvarez, con música de Javier Navarrete y fotografía de Javier Salmones.
Y te voy avisando: no esperes una película de terror lanzada a darte sustos cada diez minutos. Trece campanadas juega mucho más con la atmósfera, el pasado, la culpa y esa sensación tan agradecida en este tipo de historias de que el protagonista ha llegado a un sitio del que debería haberse mantenido bien lejos.
Jacobo, interpretado por Juan Diego Botto, es un joven escultor que regresa a Santiago de Compostela después de muchos años debido al delicado estado de salud de su madre, ingresada en un psiquiátrico. El regreso abre de golpe una puerta que llevaba demasiado tiempo cerrada y empiezan a reaparecer personas, recuerdos y acontecimientos relacionados con su padre. Poco a poco, lo que parecía una vuelta incómoda a casa acaba convirtiéndose en una pesadilla.
La película se mueve entre el thriller psicológico, el misterio y el terror sobrenatural, y creo que precisamente ahí está buena parte de su atractivo. Tiene ese aroma tan particular del fantástico español de finales de los noventa y primeros dos mil, cuando nuestra industria empezó a acercarse al género con producciones visualmente bastante ambiciosas y sin demasiado miedo a ponerse oscura.
No todo funciona igual de bien, y personalmente creo que algunas decisiones narrativas han envejecido peor que su apartado visual. Pero también te digo una cosa: volver a encontrármela tantos años después tiene bastante más gracia de la que esperaba. Y ver recuperada Trece campanadas en Blu-ray, en una edición física que además llega cargadita de material adicional, es una buena excusa para darle otra oportunidad.

Santiago de Compostela también sabe dar miedo
Una de las cosas que más me gustan de Trece campanadas es cómo utiliza Santiago de Compostela. Y cuando digo utilizar, me refiero a convertir la ciudad en parte de la película, no simplemente a plantar allí a los actores para conseguir cuatro planos bonitos.
El regreso de Jacobo funciona especialmente bien porque Santiago parece guardar memoria. Las calles de piedra, los interiores antiguos, las esculturas, la arquitectura religiosa y esa presencia constante de un pasado que parece pesar toneladas encajan de maravilla con una historia construida alrededor de los traumas familiares.
Villaverde entiende que un relato sobrenatural gana mucho cuando el escenario ya tiene personalidad antes incluso de que ocurra nada raro.
Y Santiago la tiene de sobra.
La película aprovecha además el mundo de la escultura para introducir una imaginería bastante física. Hay piedra, figuras, espacios oscuros y una cierta obsesión por las formas y los cuerpos que ayuda muchísimo a crear mal rollo. Jacobo es escultor, como lo era su padre, de manera que el arte termina funcionando como conexión entre ambos y, al mismo tiempo, como puerta hacia aquello de lo que el protagonista lleva años intentando escapar.
Ahí también entra Luis Tosar, cuya presencia le viene como un guante a la película. Incluso en una etapa relativamente temprana de su carrera cinematográfica ya tenía esa capacidad para llenar un plano con muy poco. Frente a él, Juan Diego Botto lleva buena parte del peso dramático como un Jacobo permanentemente descolocado, obligado a reconstruir recuerdos que quizá habría preferido dejar enterrados. Marta Etura, Elvira Mínguez y Rosa Álvarez completan un reparto con bastante músculo.
También me gusta que Trece campanadas pertenezca a un momento concreto de nuestro cine de género. Viéndola hoy puedes encontrar decisiones muy propias de principios de los 2000, para bien y para mal. Hay cierta tendencia al efectismo y algún mecanismo de suspense que actualmente resulta bastante reconocible, pero visualmente conserva personalidad.
La fotografía de Javier Salmones tiene mucho que decir ahí. La película busca oscuridad, contraste y una Galicia inquietante, casi espectral. A veces uno tiene la impresión de estar viendo un thriller gótico trasladado al norte de España.
Porque una de las cosas que echo de menos en bastante terror actual es precisamente el gusto por construir ambiente antes de ponerse a explicar cosas. Aquí puedes discutir el resultado final, pero hay intención. Hay una película intentando que Santiago resulte misteriosa, amenazante y casi irreal.
Más de dos décadas después, esa personalidad visual sigue siendo probablemente uno de sus mejores argumentos.
¿Por qué tienes que ver Trece campanadas?
Para empezar, por algo bastante sencillo: porque es una película española de género con personalidad propia y pertenece a una época que merece la pena revisitar.
Si te gusta el terror atmosférico y puedes disfrutar de una historia que cocina el misterio con cierta calma, aquí tienes material. No esperes una montaña rusa de sustos. La película está más interesada en generar incomodidad, jugar con los recuerdos de Jacobo y hacerte dudar sobre lo que está sucediendo.
También está el reparto. Tener juntos a Juan Diego Botto, Luis Tosar, Marta Etura y Elvira Mínguez ya supone un buen motivo para acercarse. Y resulta especialmente curioso verla hoy sabiendo hasta dónde llegarían algunas de estas carreras.
Luego está Santiago. Si tienes debilidad por Galicia y por las localizaciones con personalidad, vas a disfrutar simplemente mirando la película. Hay ciudades que en pantalla quedan bonitas y ciudades que parecen esconder historias debajo de cada piedra. Santiago pertenece claramente al segundo grupo.
Además, Trece campanadas dura alrededor de 106 minutos en su montaje original, así que tampoco te pide que firmes una hipoteca para verla. Entra bastante bien como sesión nocturna, luces apagadas y volumen generoso.
¿Es perfecta? Para mí, no. Tiene momentos en los que el relato se vuelve algo aparatoso y determinados recursos del thriller sobrenatural del cambio de siglo se notan bastante. Pero también tiene suficientes elementos propios como para que no parezca una película fabricada con plantilla.
Y luego tenemos el factor que nos interesa especialmente por aquí: llevaba tiempo pidiendo una recuperación doméstica que la sacara del limbo. Una película así, con su fotografía, sus localizaciones y su componente visual, agradece mucho más tener una edición física decente en la estantería que acabar convertida en otro título perdido entre plataformas.
La edición física
Y llegamos a lo nuestro. Gabita Barbieri Films recupera Trece campanadas en Blu-ray en una edición presentada en estuche Amaray y que, para los primeros 100 compradores que realizaron la reserva, se acompañó además de funda slipcover, como es costumbre ya con Gabita.
En cuanto a imagen, la edición presenta la película en 1.85:1. En sonido encontramos castellano tanto en Dolby Digital 2.0 como en DTS-HD Master Audio 5.1, además de gallego Dolby Digital 2.0 e inglés DTS-HD Master Audio 5.1. Los subtítulos incluidos son castellano, francés, inglés, italiano y portugués.
A continuación puedes ver el reportaje fotográfico de la edición.







Contenido extra
Me alegra especialmente encontrar una edición de catálogo que no se limita a meter la película en un disco y cerrar la caja. El apartado de extras de Trece campanadas tiene bastante contenido y, sobre todo, mezcla piezas promocionales con material de producción y varios cortometrajes.
- Corto «Galicia Caníbal» (6'29")
- Corto «Golpe de látigo» (10'13")
- Corto «Viuda Gómez» (12'39")
- Entrevistas (8'19")
- Imágenes del rodaje (9'16")
- Making Of (15'06")
- Spots (30″)
- Trailer (1'33")
- Videoclip (2'25")
Solo los tres cortometrajes ya suman cerca de media hora de material, y a eso hay que añadir las entrevistas, las imágenes del rodaje y un making of de algo más de quince minutos.
Para mí, ahí está el verdadero interés.
Un tráiler o unos spots siempre están bien por completismo (y yo soy el primero al que le gusta encontrarlos en el disco), pero cuando compro una película de hace más de veinte años quiero material que me permita volver a su época. Quiero ver cómo se rodaba, escuchar a los implicados hablando de ella y encontrar imágenes que probablemente llevaba dos décadas sin ver.
Las imágenes de rodaje y el making of tienen precisamente ese valor de archivo. Quizá cuando una película acaba de estrenarse este tipo de piezas parecen material promocional corriente. Veinte años después la cosa cambia. Ves decorados, cámaras, actores trabajando y un equipo rodando una película española de género a comienzos de los 2000, y el documento adquiere otro interés.
Y la inclusión de tres cortometrajes le da bastante más cuerpo al disco. No es el típico apartado de extras que anuncia mucho y luego, cuando sumas, resulta que tienes siete minutos entre tráileres y anuncios.
Aquí hay para entretenerse un rato después de terminar la película.
Conclusiones
Trece campanadas es una de esas películas a las que el paso del tiempo les sienta de una forma curiosa. Quizá porque ya no tienes que verla pensando en el estreno del viernes ni comparándola con lo que estaba llegando entonces a las salas. Ahora puedes acercarte a ella como una pieza de aquel cine fantástico español de principios de siglo y valorar con más tranquilidad qué intentaba hacer.
Y hay cosas que me siguen funcionando bastante bien.
Me gusta su Santiago oscuro. Me gusta el peso de la piedra, la escultura y la iconografía religiosa. Me gusta su voluntad de construir una pesadilla alrededor de un trauma familiar. Y me gusta ver a Juan Diego Botto, Luis Tosar, Marta Etura y compañía dentro de una propuesta de género que se toma muy en serio su atmósfera.
También tiene sus achaques. Algunos giros y recursos narrativos delatan bastante la época y hay momentos en los que habría agradecido algo más de sutileza. No creo que estemos ante uno de los grandes títulos indiscutibles del terror español, pero reducirla por eso a una simple curiosidad tampoco me parecería justo. Tiene personalidad, tiene imágenes que se quedan y tiene un escenario magnífico.
La edición de Gabita Barbieri Films me parece especialmente interesante por el simple hecho de recuperar físicamente una película española que no pertenece precisamente al grupo de títulos que vemos reeditados cada dos por tres. Eso, para quien colecciona cine patrio, ya cuenta.
Y además viene bien acompañada. en cuanto a presentación y calidad audiovisual
¿Merece la pena?
Si eres aficionado al fantástico español y al coleccionismo de cine nacional, yo creo que sí. Especialmente si tienes interés por rescatar películas menos evidentes de nuestro cine de género. No compraría Trece campanadas esperando descubrir una joya secreta que vaya a darle la vuelta a tu lista de favoritas. La compraría porque es una película con identidad, con un reparto estupendo, con una utilización fantástica de Santiago de Compostela y porque este tipo de recuperaciones son precisamente las que hacen divertida una colección.
Yo prefiero encontrarme en una estantería una película como esta antes que la enésima reedición de un título que lleva veinte ediciones distintas.
Y hay algo especialmente apropiado en recuperar Trece campanadas tantos años después. Una historia sobre regresar al pasado, abrir puertas que llevaban demasiado tiempo cerradas y descubrir qué seguía esperando al otro lado.
Pues aquí la tenemos otra vez. Que suenen las campanas.

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