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Crítica de El confidente: secretos, traiciones y cuentas pendientes con nuestra historia

Edu McFly
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SEMINCI 2026 · SECCIÓN OFICIAL · FUERA DE CONCURSO

El cine español lleva una buena temporada demostrando que sabe desenvolverse con soltura cuando se mete en los rincones más incómodos de nuestra historia reciente. Y El confidente, la nueva película de Daniel Calparsoro, vuelve a poner sobre la mesa uno de esos episodios que mezclan terrorismo, operaciones policiales, decisiones políticas y demasiadas preguntas sin respuestas sencillas.

El resultado es un thriller muy bien realizado, con una historia que engancha y dos protagonistas que consiguen que el conflicto vaya bastante más allá de la reconstrucción de unos hechos.

Presentada en la 71.ª Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci 2026), dentro de la Sección Oficial y fuera de concurso, El confidente tuvo una acogida muy positiva entre el público. Y lo entiendo perfectamente. Calparsoro sabe cómo contar este tipo de historias, cómo mantener al espectador pendiente de lo que ocurre y, sobre todo, cómo convertir un asunto que podría resultar complicado de seguir en una película accesible, entretenida y con suficiente personalidad para funcionar por sí misma.

Inspirada en hechos reales y vinculada al conocido caso Faisán, la película se adentra en los últimos años de ETA a través de la relación entre un policía veterano y un joven independentista al que convierte en su confidente. Dos hombres que proceden de mundos enfrentados y que, por distintas circunstancias, terminan dependiendo el uno del otro. Hay secretos, lealtades difíciles de mantener, intereses que no siempre coinciden y una sensación permanente de que cualquier decisión puede tener consecuencias bastante serias.

Eso es precisamente lo que más me funciona: la película consigue que una historia de operaciones policiales también sea una historia sobre personas que deben decidir hasta dónde están dispuestas a llegar.

Calparsoro sabe moverse en este terreno

A Daniel Calparsoro no le pilla precisamente de nuevas el thriller. Películas como Cien años de perdón, Hasta el cielo o Todos los nombres de Dios ya habían demostrado su facilidad para manejar historias de tensión, personajes al límite y situaciones en las que las cosas pueden torcerse en cualquier momento.

Con El confidente vuelve a sentirse cómodo, aunque aquí cuenta con un material especialmente delicado. El terrorismo de ETA, las investigaciones policiales y las zonas grises de la lucha antiterrorista forman parte de un pasado que todavía tiene mucho peso en España. Hablar de ello exige encontrar un equilibrio entre el entretenimiento y el respeto a la gravedad de los acontecimientos.

Calparsoro apuesta por una narración directa, sin perderse en explicaciones interminables ni convertir la película en una sucesión de datos históricos. La información aparece al servicio de la tensión, que es lo que necesita una historia de estas características para mantener el interés del espectador.

También se agradece que la realización tenga tanta importancia. Se nota una producción cuidada, con una puesta en escena sólida y un tratamiento visual que acompaña el carácter sombrío de la historia. Hay una voluntad clara de construir un ambiente de desconfianza, de transmitir que los personajes se mueven en un terreno donde cualquier palabra puede tener una segunda intención.

La dirección de Calparsoro mantiene ese pulso que caracteriza buena parte de su cine. Le interesa que las cosas avancen, que las relaciones entre los personajes generen tensión y que el espectador tenga siempre algún motivo para permanecer atento.

Personalmente, es una manera de abordar el thriller que compro. Cuando una película basada en hechos reales consigue que te olvides por momentos de que ya conoces parte del contexto histórico, significa que su narración está funcionando.

Javier Gutiérrez y Miguel Herrán: una alianza llena de desconfianza

Una de las decisiones más acertadas de El confidente es colocar en el centro la relación entre sus dos protagonistas. Ahí es donde la película encuentra buena parte de su fuerza.

Javier Gutiérrez interpreta a un policía veterano que lleva años enfrentándose a ETA. Un hombre acostumbrado a trabajar bajo presión, que conoce las reglas del juego y también sabe que, en determinadas circunstancias, esas reglas pueden convertirse en un obstáculo.

Gutiérrez es uno de esos actores que no necesitan grandes discursos para dar peso a un personaje. Tiene una presencia muy particular, capaz de transmitir autoridad, cansancio y desconfianza. Y en una historia donde importan tanto las intenciones que se ocultan como las palabras que se pronuncian, esa capacidad resulta especialmente valiosa.

Frente a él aparece Miguel Herrán, encargado de interpretar al joven confidente. Su personaje se mueve en una posición completamente distinta: arrastra sus propias convicciones, pertenece a un entorno marcado por la radicalización y acaba atrapado en una relación donde confiar en alguien puede resultar tan peligroso como traicionarlo.

El contraste entre ambos funciona porque representan dos formas muy diferentes de enfrentarse a una misma realidad. Uno tiene la experiencia de quien lleva demasiados años metido en el conflicto. El otro todavía debe descubrir hasta qué punto sus decisiones pueden cambiarle la vida.

Lo interesante es que la relación no puede entenderse únicamente en términos de colaboración. Hay necesidad, recelo, posibles intereses contrapuestos y una dependencia mutua que introduce una dimensión humana en el relato.

En este sentido, la película encuentra un buen equilibrio entre la historia policial y el conflicto personal. La operación que articula los acontecimientos tiene importancia, por supuesto, pero lo que mantiene buena parte de la atención es comprobar cómo evoluciona esa complicada alianza.

Y cuando una película consigue que dos personajes hablando puedan generar tanto interés como una operación de riesgo, tiene bastante ganado.

El caso Faisán y las heridas que siguen abiertas

Uno de los grandes atractivos de El confidente es su vinculación con el caso Faisán, uno de los episodios más controvertidos de la lucha contra ETA.

El caso giró alrededor del aviso que recibió en 2006 Joseba Elosua, propietario del bar Faisán de Irún, sobre una operación policial dirigida contra una presunta red de extorsión de ETA. Aquellos acontecimientos desembocaron en una investigación judicial y en una enorme controversia política y mediática.

La película se inspira en ese contexto, aunque conviene recordar que estamos hablando de una ficción y no de una reproducción documental de cada acontecimiento. Esa diferencia es importante, especialmente cuando se trabaja con episodios que todavía forman parte de la memoria reciente y que han generado interpretaciones enfrentadas.

Lo que me parece interesante de la aproximación de El confidente es su capacidad para utilizar ese contexto como motor de una historia de suspense. No hace falta conocer todos los detalles del caso Faisán para seguir la película, aunque quienes recuerden aquellos acontecimientos encontrarán inevitablemente otra lectura en lo que sucede.

El guion de Fernando Navarro trabaja con cuestiones que encajan muy bien en el género: la confianza, la traición, los límites de la obediencia y las contradicciones que pueden aparecer cuando los objetivos de una operación chocan con los principios personales.

Porque en un asunto como este, donde intervienen policías, confidentes, organizaciones terroristas e intereses institucionales, las cosas rara vez pueden reducirse a una explicación cómoda.

Y ahí está uno de los puntos de interés del relato. Las decisiones de los personajes adquieren importancia por lo que pueden provocar, pero también por lo que dicen sobre quienes las toman.

La película consigue mantener presente ese trasfondo sin dejar que el peso de los acontecimientos históricos se coma por completo la narración.

Una película con oficio que sabe mantener el interés

Hay algo que agradezco especialmente en películas como El confidente: que se note el oficio detrás de la cámara. Y aquí se nota.

Calparsoro demuestra que tiene muy claro qué tipo de película quiere hacer. El tono es serio, la narración mantiene el interés y la tensión se construye tanto a partir de las operaciones policiales como de las relaciones entre los personajes. No necesita convertir cada secuencia en un espectáculo para conseguir que el espectador permanezca pendiente de la pantalla.

La fotografía contribuye a reforzar esa atmósfera áspera y contenida. La historia se desarrolla principalmente en el País Vasco de comienzos de los años 2000, con algunos saltos a la década de los ochenta, y ese contexto temporal está integrado en la puesta en escena.

El rodaje en distintas localizaciones de Gipuzkoa y el sur de Francia también ayuda a proporcionar una identidad reconocible al relato. En una película tan vinculada a un lugar y a un momento histórico concretos, resulta importante que los escenarios tengan credibilidad.

Otro aspecto que me parece fundamental es el equilibrio entre las partes más propias del thriller y el desarrollo de los personajes. Es fácil caer en la tentación de complicar una historia de confidentes, operaciones policiales y secretos hasta convertirla en un laberinto de explicaciones. Aquí, afortunadamente, la narración resulta bastante accesible.

Sus 108 minutos están bien aprovechados y la película tiene suficiente entidad para sostener el interés sin depender exclusivamente de los acontecimientos reales que la inspiran. Quizá quienes busquen una reconstrucción exhaustiva del caso Faisán echen en falta un tratamiento más documental, pero esa tampoco parece ser la intención de Calparsoro.

El director está interesado en las personas atrapadas dentro del conflicto y en las decisiones que acaban tomando. Y me parece una elección acertada.

La sombra de La infiltrada y un nuevo thriller sobre ETA

Resulta inevitable recordar La infiltrada, la película de Arantxa Echevarría que consiguió conectar con el público contando otro episodio relacionado con la lucha contra ETA.

Además de compartir parte de su contexto histórico, ambas producciones tienen un vínculo importante: detrás de El confidente vuelven a encontrarse la productora María Luisa Gutiérrez y el periodista Pablo Muñoz, cuya documentación sirve de base para este nuevo proyecto.

Pero las dos películas plantean sus historias desde perspectivas diferentes.

Mientras La infiltrada desarrollaba buena parte de su tensión a partir de una mujer que debía ocultar su identidad dentro de un entorno terrorista, El confidente apuesta por el vínculo entre dos hombres situados en posiciones ideológicas enfrentadas.

Aquí la confianza tiene un significado especialmente complicado. El policía necesita información y el confidente debe asumir riesgos que pueden afectar a toda su vida. Ninguno se mueve en un escenario cómodo y ambos están obligados a valorar constantemente las consecuencias de sus decisiones.

Me gusta que el cine español continúe recuperando historias de esta etapa. Durante años, determinados acontecimientos parecían demasiado cercanos o delicados para abordarlos desde una producción comercial. Ahora encontramos películas capaces de convertir esos episodios en relatos cinematográficos atractivos, sin que ello impida recordar la gravedad de lo ocurrido.

Y además hay público para ellas. La infiltrada ya lo demostró y tengo la sensación de que El confidente puede seguir un camino parecido.

La Seminci responde y enero puede darle otra alegría al cine español

La presentación de El confidente en la Seminci 2026 fue una buena oportunidad para comprobar cómo podía funcionar la película frente al público. Su estreno mundial tuvo lugar el 30 de octubre en el Teatro Calderón de Valladolid, dentro de la Sección Oficial fuera de concurso, con la presencia de buena parte del equipo artístico y técnico. Seminci

Y la respuesta fue francamente positiva.

Es verdad que el público de un festival tiene sus particularidades, pero también suele ser exigente. Que una película de estas características consiga despertar entusiasmo en ese ambiente me parece una señal interesante de cara a su recorrido comercial.

Porque El confidente tiene varios ingredientes que pueden jugar a su favor: una historia inspirada en acontecimientos reales, un asunto que sigue despertando interés, dos protagonistas conocidos y una realización sólida que permite disfrutarla sin necesidad de tener conocimientos previos sobre el contexto histórico.

Además, Calparsoro cuenta con una trayectoria reconocible dentro del cine de acción y suspense español. Su nombre puede que no sea suficiente por sí solo para llenar las salas, pero sí ofrece ciertas garantías a quienes disfrutan con este tipo de historias.

La fecha elegida para su estreno comercial es el 29 de enero de 2027, y personalmente creo que la película tiene bastantes posibilidades de funcionar bien en taquilla.

No todas las películas que triunfan en un festival encuentran después el mismo entusiasmo entre el público general. Pero aquí veo una propuesta muy comercial, entendiendo el término en el mejor sentido: una historia interesante, bien contada y capaz de llegar a espectadores con gustos diferentes.

Y hay otro factor que tampoco conviene despreciar. Los thrillers españoles basados en hechos reales han encontrado un público fiel cuando consiguen combinar una buena historia con una producción cuidada.

El confidente tiene argumentos para sumarse a esa tendencia.

Conclusión

El confidente confirma el buen pulso de Daniel Calparsoro para el thriller y su capacidad para transformar un episodio delicado de nuestra historia reciente en una película sólida, entretenida y con tensión.

Me quedo especialmente con su buena realización, el peso de Javier Gutiérrez y Miguel Herrán y la manera en que desarrolla la relación entre ambos personajes. La película sabe aprovechar el atractivo de los hechos reales que la inspiran, pero también encuentra interés en el componente humano de una historia marcada por la desconfianza, las lealtades y las decisiones difíciles.

Quien espere un análisis histórico exhaustivo del caso Faisán deberá tener presente que aquí manda el lenguaje del thriller. Sin embargo, quienes disfruten con el cine policial español, las historias de espionaje y las películas inspiradas en nuestra historia reciente tienen motivos suficientes para apuntarla en su agenda.

La buena acogida que tuvo en la Seminci 2026 refuerza mis sensaciones. Creo que El confidente puede convertirse en uno de los títulos españoles que mejor conecten con el público durante los primeros meses de 2027.

Se estrenará el 29 de enero y, desde luego, no me extrañaría verla mantener una buena trayectoria en cartelera gracias al boca a boca. Cuando una historia interesante cae en manos de un director que conoce tan bien el género, las posibilidades de que el público responda aumentan considerablemente.

Y aquí Calparsoro demuestra que sabe lo que hace.

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