Un hombre lobo americano en París en Blu-ray: una secuela gamberra que enseña los colmillos
Los hombres lobo vuelven a enseñar los dientes, esta vez desde París. Divisa Films recupera en Blu-ray una de las secuelas más peculiares del terror noventero. Aquí tienes todos los detalles.
Hay que reconocer que los años 90 nos dejaron unas cuantas películas bastante peculiares. Unas funcionaron de maravilla, otras se pegaron un buen batacazo y alguna como Un hombre lobo americano en París (1997) acabaron encontrando su sitio entre los aficionados al cine fantástico gracias al videoclub, la televisión y, con el tiempo, el formato doméstico.
Dirigida por Anthony Waller y protagonizada por Tom Everett Scott y Julie Delpy, esta comedia de terror llegó con una responsabilidad bastante complicada: recoger el testigo de Un hombre lobo americano en Londres, la estupenda película que John Landis dirigió en 1981 y que se convirtió en uno de los grandes referentes del cine de licántropos.
Las comparaciones eran inevitables.
La película de Landis había conseguido algo bastante difícil: mezclar humor negro, terror, romance y unos efectos especiales de maquillaje que todavía hoy siguen dejando con la boca abierta. Aquella transformación de David Naughton, obra de Rick Baker, forma parte de la historia del género. Superar semejante recuerdo era una tarea prácticamente imposible.
Anthony Waller decidió tirar por otro camino. Más humor adolescente, más acción, una historia romántica con bastante protagonismo y unos hombres lobo digitales que, vistos con perspectiva, representan perfectamente aquella época en la que Hollywood estaba empeñado en demostrar que los ordenadores podían hacerlo todo.
¿El resultado? Una película bastante irregular, para qué vamos a engañarnos, pero también una de esas producciones que tienen su encanto cuando sabes exactamente qué vas a encontrarte.
Un hombre lobo americano en París tiene mucho de aquel cine fantástico que llegaba a los videoclubs con carátulas llamativas, monstruos enseñando los dientes y promesas de pasar un rato entretenido. Es desenfadada, exagerada, a ratos bastante absurda y con un sentido del humor que parece sacado directamente de finales de los noventa.
Divisa Films acaba de recuperar la película en Blu-ray, y nos ofrece la oportunidad de reencontrarnos con esta curiosa secuela, comprobar cómo ha envejecido y, sobre todo, darle un hueco en la colección.
Aunque sus defectos son bastante evidentes, reconozco que le tengo cierta simpatía. Y sospecho que no soy el único.

Una secuela con ganas de hacer el gamberro
La historia nos presenta a Andy, un joven estadounidense que viaja a París acompañado de sus amigos Brad y Chris. Los tres buscan emociones fuertes y se les ocurre una idea bastante disparatada: practicar puenting desde la Torre Eiffel.
Durante su aventura, Andy termina salvando la vida de Serafine, una misteriosa joven de la que se enamora inmediatamente. Lo que todavía no sabe es que la chica esconde un secreto bastante peludo y que su encuentro acabará metiéndolo de lleno en un mundo de licántropos, transformaciones y peligrosas criaturas nocturnas.
A partir de ahí, la película se convierte en una mezcla de comedia romántica, terror y aventura juvenil, con persecuciones, situaciones disparatadas y alguna que otra escena bastante salvaje.
Una de las cosas que más me llaman la atención es cómo intenta trasladar la fórmula de la primera entrega a un terreno mucho más comercial. El humor negro sigue presente, pero ahora tiene un aire más gamberro, cercano a las comedias juveniles estadounidenses que triunfaban durante aquellos años.
Tom Everett Scott interpreta a Andy con ese aire de chico corriente que termina metido en un lío monumental. Julie Delpy, por su parte, aporta bastante más personalidad al conjunto. Su Serafine tiene un punto misterioso y atormentado que funciona especialmente bien cuando la película se toma un poco más en serio su vertiente fantástica.
También hay un intento de ampliar la mitología de los hombres lobo mediante una trama que introduce una organización de licántropos con intenciones bastante poco amistosas. La idea tenía posibilidades, aunque el guion prefiere avanzar a toda velocidad antes que detenerse demasiado en desarrollar sus elementos más interesantes.
Y llegamos al asunto que siempre termina apareciendo cuando se habla de esta película: los efectos especiales digitales.
A finales de los noventa, el CGI estaba ganando terreno a los efectos prácticos tradicionales. La película apostó decididamente por esta tecnología para mostrar a sus criaturas, una decisión que no ha envejecido precisamente bien.
Los hombres lobo tienen movimientos poco naturales y un acabado digital que resulta demasiado evidente, especialmente cuando aparecen completamente iluminados.
Y es una pena, porque el diseño de las criaturas tiene ideas interesantes. El problema está en cómo se integran en las escenas. Cuando la película recurre a las sombras, la iluminación nocturna y los planos rápidos, el resultado funciona bastante mejor. Cuando enseña demasiado, las costuras aparecen enseguida.
Eso sí, tampoco creo que sea justo juzgarla únicamente por este apartado. Forma parte de una etapa muy concreta de la historia del cine fantástico, cuando los estudios experimentaban con herramientas digitales que todavía tenían mucho camino por recorrer.
De hecho, ese aspecto tan noventero se ha convertido en una de sus señas de identidad.
Una película atrapada en su época, para bien y para mal.
Otra cosa que me resulta curiosa es el ritmo. La película apenas concede descansos y está constantemente intentando mantenerte entretenido mediante bromas, sustos, persecuciones y situaciones románticas.
A veces funciona. Otras, el tono cambia de manera tan brusca que cuesta tomarse en serio lo que está ocurriendo.
Pero tiene una virtud que agradezco: nunca pretende ser más profunda de lo que realmente es. Su objetivo es ofrecer entretenimiento fantástico, con una buena dosis de humor y algún que otro momento macabro.
También resulta interesante su ambientación parisina. Utilizar una ciudad tan asociada al romanticismo para desarrollar una historia de hombres lobo tiene bastante gracia, especialmente cuando el argumento juega con esa contradicción entre el amor y los instintos más salvajes.
Al final, la película tiene algo de cápsula del tiempo. Sus personajes, su humor, su música y sus efectos especiales nos llevan directamente a una forma de hacer cine comercial que prácticamente ha desaparecido.
Y eso, para quienes disfrutamos recuperando películas de aquella década, tiene su atractivo.
¿Por qué tienes que ver esta película?
Porque a veces apetece una buena gamberrada noventera. Y ya está.
Si buscas una película de hombres lobo que esté a la altura de la original de John Landis, probablemente vas a llevarte una decepción.
Pero si te acercas a ella con ganas de pasar un rato entretenido, sin exigirle demasiado y aceptando sus peculiaridades, la cosa cambia bastante.
Un hombre lobo americano en París tiene ese encanto del cine fantástico de videoclub que mezclaba géneros sin demasiados complejos. En menos de dos horas te encuentras con una historia de amor imposible, turistas estadounidenses haciendo el idiota por Europa, criaturas nocturnas y una conspiración de licántropos.
A mí me gusta especialmente esa falta de vergüenza que tenían muchas producciones de la época. Hoy probablemente se intentaría justificar cada elemento del argumento, construir una mitología mucho más compleja y dejar preparada alguna continuación. Aquí todo resulta bastante más directo.
También creo que Julie Delpy es uno de los grandes motivos para darle una oportunidad. Su personaje tiene una carga dramática interesante y consigue aportar algo de humanidad a una historia que, por momentos, parece más preocupada por encadenar chistes y escenas de acción.
Y no hay que dejar de lago la nostalgia.
Si creciste alquilando películas en VHS o descubriendo títulos de terror durante las madrugadas televisivas, seguramente reconocerás enseguida ese aroma tan particular. La película pertenece a una época en la que el fantástico comercial podía ser bastante disparatado y, precisamente por eso, muy divertido.
¿Ha envejecido bien? En algunos aspectos, claramente no.
¿Sigue teniendo momentos entretenidos? Yo diría que sí.
Y hay algo más: verla actualmente permite apreciar cómo ha evolucionado el cine de criaturas. La comparación entre los efectos prácticos de 1981 y los digitales de 1997 es casi una pequeña lección de historia del género.
Así que mi consejo es sencillo: olvídate durante un rato de la película original y disfruta de esta secuela por lo que ofrece. Puede que no termines considerándola una gran película, pero es bastante posible que pases un rato más agradable de lo que esperabas.
La edición física
Un hombre lobo americano en París Blu-ray
Divisa Films nos trae Un hombre lobo americano en París en una edición Blu-ray sencilla, presentada en un estuche Amaray.
En cuanto a las características técnicas, la película se presenta en 1080p con una relación de aspecto de 1.85:1. El apartado sonoro incluye dos pistas LPCM 2.0, una en castellano y otra en inglés. Se agradece que podamos disfrutar tanto del doblaje español como de la versión original con audio sin compresión, aunque evidentemente no estamos ante una edición pensada para sacar partido a un equipo de sonido envolvente.
A continuación puedes ver el reportaje fotográfico de la edición.





Contenido extra
El Blu-ray de Un hombre lobo americano en París incluye únicamente una galería, por lo que estamos ante una propuesta bastante limitada para quienes disfrutamos explorando los entresijos de las películas.
Y hasta aquí puedo leer.
Conclusiones
Después de tantos años, Un hombre lobo americano en París sigue pareciéndome una película curiosa. Tiene bastantes defectos, algunos muy evidentes, pero también conserva ese espíritu despreocupado que caracterizaba a buena parte del cine fantástico comercial de los noventa.
Su mayor problema continúa siendo la comparación con Un hombre lobo americano en Londres. La película de John Landis dejó el listón altísimo, especialmente por su combinación de terror y humor negro, y por unos efectos especiales prácticos que siguen funcionando de maravilla más de cuatro décadas después.
La secuela optó por un enfoque diferente, mucho más juvenil, con un mayor protagonismo de la acción, el romance y los efectos digitales. Una decisión que terminó perjudicándola especialmente en el apartado visual.
Pero tampoco creo que merezca el desprecio absoluto que ha recibido en ocasiones.
Tiene ritmo, personajes simpáticos y suficientes situaciones disparatadas como para ofrecer un rato de entretenimiento, especialmente si conectas con ese tipo de cine que parecía diseñado para descubrirlo un viernes por la noche en el videoclub.
Julie Delpy sigue siendo uno de sus principales atractivos y la ambientación parisina aporta un escenario diferente para una historia de licántropos. Además, su combinación de romance, humor y terror le da una personalidad bastante reconocible, aunque el resultado no siempre termine de funcionar.
Aun así, me parece positivo que Divisa Films continúe recuperando títulos de género que merecen seguir disponibles en formato físico. No todas las películas que forman parte de nuestras colecciones tienen que ser grandes clásicos. También hay sitio para producciones imperfectas, secuelas discutibles y pequeñas rarezas que nos recuerdan una época determinada.
¿Recomiendo su compra? Si eres aficionado al cine de hombres lobo, coleccionas terror de los noventa o tienes buenos recuerdos de la película, sí me parece una incorporación interesante, siempre que tengas claro lo limitada que es la edición en contenidos adicionales.
Por mi parte, me alegra verla recuperada en Blu-ray. Tiene ese punto de cine fantástico imperfecto al que, con los años, uno termina cogiéndole cariño.
No será el hombre lobo más impresionante de mi colección, pero tiene personalidad suficiente para ganarse un hueco entre mis películas de terror noventeras.
Y oye, si una noche te apetece viajar a París, reírte con unos turistas bastante descerebrados y encontrarte con unos licántropos que parecen escapados de un videojuego de finales de los noventa, ya sabes qué película sacar de la estantería.

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