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Seminci inaugura su 70ª edición con un homenaje a su historia, su público y las nuevas generaciones de cineastas

La Seminci celebra su 70ª edición con una gala inaugural en el Teatro Calderón que rindió homenaje a su historia, a los “semanistas” y a los nuevos talentos del cine. Isabel Coixet abrió el festival con su película «Tres adioses» y la Espiga de Honor reconoció la labor de las escuelas ECAM y ESCAC.

Cinemix

La Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci) dio comienzo ayer a su 70ª edición con una ceremonia de inauguración celebrada en el Teatro Calderón, presentada por Pepa Blanes.

El acto rindió homenaje a las siete décadas de historia del certamen, recordando a grandes figuras del cine internacional que han pasado por el festival, entre ellos François Truffaut, Luchino Visconti, Alain Resnais, Ken Loach o Goran Paskaljević.

Durante la gala, la cineasta Elena López Riera, en representación del jurado internacional —formado por João Pedro Rodrigues, Serge Toubiana y Laurentina Guidotti—, destacó el papel del arte y la cultura “como espacios para reflexionar sobre el mundo y para imaginar el que nos gustaría construir”.

El acto continuó con la presentación de la película inaugural, Tres adioses, dirigida por Isabel Coixet, quien acudió al escenario acompañada por el actor Francesco Carril y las productoras Marisa Fernández Armenteros, Sandra Hermida y Álex Lafuente.

Uno de los momentos más emotivos de la noche fue la entrega de la Espiga de Honor ex aequo a las escuelas de cine ECAM y ESCAC, en reconocimiento a su destacada labor formativa. La actriz Blanca Portillo hizo entrega del galardón a Sergi Casamitjana y Gonzalo Salazar-Simpson, directores de ambas instituciones, quienes subrayaron la importancia de los maestros en la formación de nuevas generaciones de cineastas.

El apartado musical de la gala corrió a cargo de Niño de Elche, que ofreció una reinterpretación contemporánea de la jota castellana junto a Sergio Portales, Laura Silva, Erik Urano y el coro de la Escuela Municipal de Música de Valladolid, aportando un tono artístico y experimental a la ceremonia.

La velada concluyó con un homenaje a los «semanistas», el público fiel que ha acompañado al festival durante sus siete décadas de historia. Cinco espectadores de distintas generaciones subieron al escenario para brindar con vino de la tierra, simbolizando la unión entre el pasado, el presente y el futuro del festival vallisoletano.

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